• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Editorial marzo 2014


    COMO EL ESPÍRITU


    El cine hace 125 años... ¿A qué se te parece? Más un iPad que cine...

    Por Santiago Andrés Gómez

    Es muy conocida, y harto mal difundida (tanto que ahora yo mismo no intentaré afirmar de quién es), la frase con que un pensador, un militar o un político chino resumiera su visión sobre la Revolución Francesa, poco antes de que se cumplieran, en 1989, los doscientos años de la Bastilla: “Es muy temprano para saber”. Aquí lo impresionante de la frase es, desde luego, la perspectiva milenaria que ofrece una cultura que excede sobremanera el sueño de Europa, pero sobre todo porque esa perspectiva mayúscula se ajusta casi del todo a lo real, y deja nuestros afanes y orgullos en una dimensión de vértigo, si acaso, y sin duda de ignorancia frente a lo que son la naturaleza y la repercusión de cuanto nos contentamos con llamar nuevo o válido, y que no es sino, por más que lo queramos disimular, coyuntural y virtual o pasajero.

    Así con el cine, que tiene apenas si un siglo y poco más.


    Pleasures of Montauk (Mekas, 1973)


    Aunque no lo creamos, es mucho más cierta la visión de Jonas Mekas cuando dice que el cine nace todos los días, que la que supone, con incisivo pero limitado acierto, que en el arte todo ha sido inventado ya, o mucho más que los supuestos de que el cine es algo, aun más que definido, definible. Al contrario, y el nonagenario Mekas es, como lo fuera Vertov, uno de los visionarios más lúcidos y coherentes con respecto a ello, el cine es un torbellino en el que el tiempo de la vida se levanta en polvero fecundo, dando pie a nuevas aventuras, envuelto en luces de un ayer que es por fin presente nítido y siempre un porvenir auspicioso. Por ello sería oportuno contrastar al menos dos textos, y otros afines en editorial próximo, que han sido citados en los últimos, un tanto confusos días, y que representan, con algunos puntos de relativa convergencia, la inquietud que reina sobre el cine desde diversos miradores.

    Uno es el conjunto de textos de Mekas llamado “Ningún lugar a dónde ir” (recomendamos vivamente la reseña de Intermedio DVD en este enlace
    en el que vemos al lituano-americano en una de esas actitudes que acaso no alcen vuelo pero perduran en el tiempo, sostenidas, incluso imbatibles, y que en un momento dado cobran una autoridad absoluta. El Mekas que mejor nos habla hoy no es tanto el juvenil anciano contemporáneo que renueva día a día sus intuiciones de antaño, sino aquel de los años cincuenta y sesenta que, en un espíritu aun más emancipado que el de la Nueva Ola francesa, y poéticamente más profundo, escribía cosas como: “Hoy presiento que sólo es sagrado el arte que no tiene ideas, que no tiene pensamientos, significados, contenido, el arte que es, simplemente, hermoso, que no tiene otro propósito que el de su belleza; que sencillamente es, como los árboles”.

    Correspondencia Jonas Mekas - J.L. Guerín (2011)

    Por el otro lado, Martin Scorsese ha escrito a su hija (ignoro quién es ella) una carta mucho más traída y llevada (recomiendo mucho este ensayo sobre el texto, en este enlace
    de la que hay que destacar tres fragmentos, los siguientes:

    1. ... “el arte del cine y el negocio de las películas se encuentran ahora en una encrucijada. El entretenimiento audiovisual y lo que conocemos como cine –imágenes en movimiento concebidas por individuos– parecen ir encaminados en direcciones diferentes. En el futuro, probablemente, verás cada vez menos de lo que reconocemos como cine en las multisalas y más y más de él en pequeños cines, on line y, supongo, en espacios y circunstancias que no puedo predecir”.
    2. ... “¿por qué el futuro es tan brillante? Porque por primera vez en la historia de esta forma de arte, se pueden hacer películas por muy poco dinero”.
    3. “Es liberador coger una cámara, empezar a rodar y juntarlo todo con Final Cut Pro. Pero hacer una película, la que tú necesitas hacer, es otra cosa. Y ahí no existen los atajos”.

    A Personal Journey... (fragmento)
    (Scorsese & Wilson, 1995)

    Scorsese, sin ningún misticismo, parece enunciar su misiva desde el mismo flanco que Mekas, un flanco en el que el cine se realiza con criterio e independencia, pero su afinidad con Mekas es más decisiva en cuanto celebra los avances tecnológicos (el video) que para muchos fueron, en un momento dado, si no una amenaza, algo menos: un método subsidiario. Y la grandeza del norteamericano (uno de mis cineastas favoritos y, al mismo tiempo, uno de los que yo con más ganas cuestionaría, por su embelesada adscripción no de los últimos tiempos, sino de toda su carrera, al mainstream, si no fuera por el nervio compasionado de sus cintas), esa grandeza, digo, se muestra del todo cuando advierte sobre la complejidad de la relación entre concepción y elaboración. Puede ser que uno tenga todos los medios a su disposición, pero hacer lo que la vocación exige o al menos sugiere, nunca es, nunca será fácil.

    Aunque hoy desde luego sea más fácil que ayer, la cuestión delicada y ardua es saber no alejarse de la pertinencia, de cierta responsabilidad con uno mismo, o sea con su vida y su peligroso entorno.



    Como el espíritu: Tarkovksi y la huida del automatismo.

    Todas estas son cosas que desde luego importan para quien quiera trascender en el cine, hablar a otros, “de aquí a la eternidad”. Si algunas palabrejas, como las últimas del primer fragmento de la carta de Scorsese, acaso se le hacen a usted familiares con postulados que en Madera Salvaje venimos sosteniendo desde mediados de los noventa, no se extrañe de nuestro desdén por todo lo que parece sagrado y en realidad no lo es en el cine colombiano, no se ofusque por nuestra perseverancia indiferente, por nuestro interés hermético en la fidelidad al propio ser más que en la veleidad de atraer público y, en tal sentido, no se escandalice por nuestro absoluto desapego a esos ridículos esquemas, jamás de calidad, sino apenas del éxito, del favor melifluo del rebaño, representados hoy a la perfección en la suma mentira y detestable frivolidad de los Premios Oscar (y Macondo, y etc., etc., etc.)...


    Oiga, vea: Amanecerá y veremos.

    Kino metro (Rojas, 2011)