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    Editorial Abril 2014


    COMO EL ESPÍRITU (2)



    The Walking Dead, la televisión al rescate del relato cinematográfico

    Por Santiago Andrés Gómez

    En nuestro editorial anterior veíamos cómo el cine, abocado hoy quizá más que nunca a una transformación radical de sus modos de consumo, formatos y narrativas, podía encontrar en maestros divergentes como el poético Jonas Mekas y el cuentero Scorsese una inspiración para comprender y asumir que desde siempre, incluso desde antes del New American Cinema de Mekas, ha habido un aliento independiente indomable, y al mismo tiempo, con las palabras de Scorsese a su hija, que las bondades tecnológicas que actualmente favorecen mucho más la realización personal, comprometen una fidelidad a uno mismo cuyo primer principio es no eludir obstáculos ni pecar de cómodos.

    Adulto contemporáneo: ejemplo perfecto de webseries exitosas, enfocadas en un público sectorial


    Hoy nos parece interesante divagar un poco sobre las repercusiones que esto tiene en una cinematografía como la colombiana, pero primero sería oportuno ahondar en esa misma situación contemporánea a la que aludimos. Para ello puede ser de mucha ayuda un texto publicado por el magnífico portal www.nofilmschool.com
    en el que Brian Newman, consultor especializado en proyectos empresariales en el área del entretenimiento y la cultura, fundador de Sub-Genre Media, expone lo que él ha podido prever como diez tendencias bien pronunciadas actualmente en el negocio del cine o, para ser más precisos, del audiovisual. Son posibilidades más crecientes aun que meras latencias, incluso en un medio como el nuestro.

    Nos interesan en especial los puntos 2, 5 y 8 tratados por Newman, o sea: 2) el afianzamiento de pequeñas empresas con una fuerte relación con su público, que podrán hacer “pequeñas películas y otros contenidos audiovisuales”, expandiéndose “dramáticamente”; 3) el retorno a delegar tareas de distribución a especialistas en el ramo, y 8) la preponderancia de series audiovisuales, no solo narrativas, añado yo, ni solo en televisión, sino también webseries y documentales interactivos, aunque también, por supuesto, y esto es bien sabido, hoy ya imperdibles series televisivas como Game of Thrones, The Walking Dead o, por rebote, mega-series documentales del estilo de Cosmos, que solo un necio no llamaría cine.

    Josep Maria Cátala, decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universitat Autónoma de Barcelona, nos habla sobre el documental interactivo


    No podemos pensar que Colombia está retrasada en estos caminos, o al menos que lo está por naturaleza, sino que lo que nuestra nación tiene de retrasada es por obra de políticas públicas no solo anacrónicas sino además entorpecedoras del desarrollo libre de nuestro negocio, como la todavía amenazante Ley Lleras o los peregrinos modos de buscar réditos de la nueva convocatoria del FDC, que buscan apostarle todo, como en ruleta, a un solo número; aunque también debemos entender que la Colombia audiovisual avanza a contracorriente y en muchos sentidos a empellones, pero no siempre: hay espacios que si todavía no dejan ver o ejecutar las enormes posibilidades que ahora ofrece el universo audiovisual, o bien podrían hacerlo o bien están ya abiertos a la ocasión que los decida.

    Hablo primeramente de instituciones como la Cinemateca Distrital o Señal Colombia, en Bogotá, que, bien que mal, se han abierto a panoramas novedosos de nuestra producción y otros modos de transacción, como cobrar sensatamente por la boleta y partir ganancias con los realizadores, en el caso de la Cinemateca, o meramente estar cada vez más permeables, en el caso de Señal Colombia, a la enorme variedad de creaciones que se da hoy en día en nuestro audiovisual, y seguir retribuyendo a los productores por ello. No obstante, en toda Colombia hemos de ser más agresivos en la busca de un contacto más directo con el público, también, y ojalá mucho más, en el campo virtual, lo cual pide de los realizadores más ductilidad con los medios y formatos.

    La sirga (Vega, 2012) inauguró una nueva etapa en el cine colombiano al ser estrenada Online, el 24 de agosto de 2012


    Me doy cuenta de que he hablado de diversas fases del fenómeno audiovisual, pero esto ha sido escrito a modo de notas generales, porque lo esencial es admitir, y no entendemos cómo es que sigue siendo tan necesario hacerlo, que el cine es mucho más que la exhibición de cintas narrativas de largometraje en salas. En esto, como lo preveían los cineastas de ensayo de los setenta y ochenta (Godard y Marker a la cabeza), y como lo demuestran las experiencias recientes del “otro cine” español, las variantes son muchas, y han rebasado cualquier expectativa. Por ello no hay necesidad, o de hecho es improcedente, hacer oposiciones excluyentes entre industria y sentido, entre arte y comercio.

    Lo que resulta indispensable, más bien, es pensar más allá del FDC, porque medios para producir ya los hay, o infinitamente más que ayer (desde luego siempre va a ser más fácil que lo subsidien a uno), y ser más humildes, o sea realistas, en el ideal de nuestro público: esto es, conocer a fondo, antes que nada, lo que queremos hacer en video, sin perder el sueño porque otros hagan un cine distinto que en un evento dado se robe públicos mayores o más visibles, ya sea lo que algunos llaman pornomiseria, ya sea puro espectáculo anestesiado, o bien alta intelectualidad, en un gran o mediano festival. Todas son expresiones que absurdamente pretenden copar un solo espacio, y que se lo turnan en rebatiña insidiosa, como si el cine fuera uno y el público uno solo.

    No hubo tiempo para la tristeza (Centro de Memoria Histórica, 2014)
    Si Cine Colombia lo rechazó con miopía, la labor de verlo, difundirlo y dialogarlo es de todos


    Para concluir, por el momento, quiero recordar el comentario de un amigo realizador, aun más libre que independiente, Gustavo Anaya, en un post de Facebook.

    Me pone a pensar cuanta falta hace en Colombia unas casas de proyección de cine nacional, (o mejor, cine que se hace en Colombia) algo así como lo hacen en Argentina; y también ¿por què no? sacar algunas salas de cine de los centros comerciales y llevarlos un poco más cerca de la gente.

    Rodrigo Guerrero, el productor caleño, nos contaba en el diplomado de producciòn ejecutiva (que hizo hace como año y medio Cinefilia), que en Cali una empresa distribuidora (no recuerdo cual) hizo un proyecto de unas salas de proyección en barrios populares, con entradas a bajo costo. El proyecto se pensó subsidiado pero a los meses resultó ser hasta rentable. Por qué no pensar eso como planes pilotos a ver qué pasa. Así como una regulación para cuotas de pantalla en canales privados, de proyecciones de calidad, en buenos horarios y sin tantos condicionamientos a los productores, para que se puede promover el interés por el cine que se hace acá, y no sé, pensar cosas así, que potencien las películas que se hacen acá, o se financian acá, y su relación con el público, porque creo yo que esperar la competencia en las salas comerciales, los resultados no van a variar mucho, o habrá que ver que cine se termina distribuyendo allí, y cómo se termina condicionando la producción.

    Los directores deben tener la libertad de realizar una producción artística o un producto de cáracter comercial, cada cual hace su cine como lo cree y quiere, pero falta a mi juicio que también se piense desde el estado, (si está preocupado por los resultados de los últimos años), que cine es más que películas, y se proyecte el sector de unas formas más arriesgadas para el apoyo a la exhibición... o no sé”.


    CODA - para tener en cuenta
    Henri Langlois (1968): Jamás se preocupó nadie de la conservación de las películas. Las personas que lo hicieron se preocuparon de salvarlas, pero no de conservarlas. Los que salvaron películas, lo hicieron a costa de que los calificasen de locos. Salvaron el cine mudo en una época en la que no se entendía la necesidad de salvarlo. Hoy todo el mundo sabe que el cine mudo existe.



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