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    “Estudio de reflejos” (Soto, 2014)


    ¿QUÉ SERÍA DE NOSOTROS SI NO LOGRÁRAMOS ASOMBRARNOS CON NUESTRA PROPIA COTIDIANIDAD?


    Estudio de Reflejos (Soto, 2014)

    Por Adriana Rojas E.

    Estudio de reflejos (Soto, 2014) es un viaje de muchos caminos, un viaje en el que Juan Soto nos presenta algunos fragmentos de lo que ha vivido, y nos vuelve cómplices de su mirada.

    Veo las imágenes de Estudio de Reflejos
    , y es inevitable que no sienta nostalgia por todo lo que significa la irrupción del video, y la melancolía que produce ver aquellas grabaciones familiares –home movies- que se hacían con las cámaras de Video 8. Yo no tuve una cámara de Video 8, pero creo que en todos está el recuerdo de esa textura propia de la cinta, de lo análogo, y de esa particularidad de muchas grabaciones en las que se dejaba grabado el timecode – la fecha y hora;  imágenes que nos remiten al pasado, y más específicamente a una época: los años 90.

    Hay que aclarar que este trabajo no presenta solo imágenes de Video 8, en él también se ve ese salto en la definición de la imagen, que ahora podemos tener con cualquier cámara de video que grabe en HD o en una DSLR. En este documental podremos darnos cuenta de lo que representa el video para un tipo de realizadores – como Juan Soto- que están por fuera de los cánones comerciales, y buscan crear con lo que tienen a su alrededor.


    Estudio de Reflejos (Soto, 2014)

    Estudio de Reflejos es un largo documental dividido en cuatro partes, en las que el director poco a poco nos va a ir presentando pequeños fragmentos de su vida, y cómo esas partes van a ir revelando su pasión por el cine.

    Soto nos va sumergiendo en lo que él privilegia de su propia cotidianidad, y luego nos lo comparte en un montaje que no sigue un canon narrativo, o por lo menos, no busca darle un sentido lineal, aunque en la primera parte nos señale que él es el personaje principal, y nos cuente cómo fueron sus primeras grabaciones cuando aún era un niño y compartía la cámara con sus padres y su hermana, registrando esas anheladas vacaciones en el mar, como lo hicieron y lo siguen haciendo millones de familias en el mundo, o registrando reuniones familiares, y conversaciones de amigos; es precisamente esa imagen del niño, la que luego hará contraste con la imagen de Juan, ya adulto; sin embargo, el montaje desde la segunda parte, aunque hace un salto significativo en el tiempo del personaje, no va a estar en función de una narración de grandes acontecimientos, de grandes revelaciones (y me refiero a esas revelaciones de las historias convencionales en las que el personaje debe cumplir un objetivo, ser el héroe etc), por el contrario, nos demostrará que se puede hacer una película con fragmentos de lo que hemos vivido, por más simples que parezcan, pero ese será precisamente el valor de este trabajo, el poder revelarnos que el cine no es lo que se nos ha acostumbrado ver.



    En este ensayo visual- autobiográfico, Soto aprovecha esa riqueza del home-movie -y parte desde ahí- para crear un Video – Diario, trayendo notas, guiños, de lo que para él representa el cine, desde esa frase inicial que toma de Bergman:

    El espejo está roto pero, ¿qué reflejan los trozos?

    En todo el documental podremos encontrar respuestas sobre qué reflejan los trozos, sus imágenes, su vida, y la vida de todos aquellos que están siendo grabados hacen parte de esos reflejos. En este trabajo, Soto nos comparte una bella autorreflexión sobre lo que puede ser el cine cuando está por fuera del espectáculo, cuando nos miramos hacia adentro, y dejamos atrás los manuales del cine industrial.

    Las imágenes de Juan Soto me siguen calando en mi memoria, y me recuerdan la gran cantidad de videos que nunca edité – o más bien, aún no he editado- de diferentes viajes, como si él en este documental me estuviera hablando directo, y me contara que compartimos los mismos gustos, como si antes, yo le hubiera contado que también grabo mientras el avión va a despegar o va a aterrizar, y que por eso prefiero siempre que me toque la ventanilla, para poder grabar lo que se me va revelando en ese pequeño encuadre, logrando capturar, en esa pequeña máquina del tiempo, las bellas imágenes de nubes espesas que forman un gran colchón, o esos paisajes de cielo azul que uno ve desde la ventanilla y que parecen formar parte de un sueño.



    Veo el documental de Juan, como si fuera un mensaje directo, como una cachetada a todos los que soñamos con hacer cine, pero que siempre estamos esperando que algo trascendental suceda, como el premio de una beca, o el encontrar financiación para proyectos “ambiciosos”, y vamos dejando que se nos pase el tiempo y vemos como las ideas se van diluyendo. Yo hago parte de ese grupo de realizadores que han estado esperando ese momento trascendental, y así me la he pasado guardando proyectos que he enviado al FDC, o a las becas del Ministerio, o a las becas locales, pero no he dado con el billete “milagroso” de lotería.

    Soto nos demuestra que se puede hacer cine, que se puede hacer un largo documental con nuestros propios recursos;  su trabajo es para mí inspirador. Estudio de Reflejos es el mejor ejemplo, de que solo “una cámara en la mano y una idea en la cabeza”, la célebre frase que identificó al Cinema Novo - Uma câmera na mão e uma idéia na cabeça, son suficientes cuando se quiere hacer cine.