• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Realizador audiovisual y nada casi es lo mismo


    EL DAÑO ESTÁ HECHO


    Tratado sobre la mentira (Gómez, 2014)

    Por Santiago Andrés Gómez (texto original para Revista Sablazo [ http://www.sablazo.com/ ])

    Es 1995. Antes de irme para Bogotá a vivir una temporada (soy de Medellín), recibo una llamada. Es la directora de programación de Teleantioquia, me ofrece la coordinación de un espacio dirigido a jóvenes como yo en el que se mezclará la ficción y el documental. Han pensado en mí por mi trabajo de un año largo al frente de la Corporación Cultural de Video Independiente Madera Salvaje, pero debo decir que no. Y en verdad pude haber dicho que sí.

    Madera Salvaje (Carlos Henao, 1995)

    No había terminado la universidad, me había salido de la carrera de Periodismo (que todo el mundo llamaba, no por nada, Comunicación Social, pero para mí era Periodismo) para dar entidad jurídica y tributaria al alebrestado combo que éramos mis amigos de la Facultad, otros hermanos de sangre igual de afiebrados por el cine y yo, pero el viaje a Bogotá parecía dejar todo en vilo.

    Pude retomar la vida entonces, más o menos embolatada ya, y dedicarme a un oficio que incluso algunas compañeras ejercían con verdadero éxito, sobre todo en la extinta programadora Comfama Televisión, y sin embargo no quise porque sabia muy bien que algo en mí no pintaba nada bien en ese medio.

    Pero no fue la única vez. Dos años luego habíamos recibido el Premio Nacional de Video Documental, con el dinero obtenido me había embarcado en la grabación de un ambicioso corto de ficción y nuestra Corporación Cultural sin animo de lucro se había venido al suelo estruendosamente en medio de un desapacible rumor de faldas, polvos malévolos y billetes que se llevaba el viento. Un periodista egresado de la facultad me llamo para que hiciera uno de los capítulos de la serie Muchachos a lo Bien.

    Diario de una época (sobre Diario de viaje, de Madera Salvaje)

    El individuo era parte de un combo paralelo al nuestro, solo que menos creativo y mucho menos antisocial, aunque eso sí, él tenia la convicción que ningún otro y que años más tarde le permitiría filmar un largometraje un tanto atropellado y bastante exitoso, llamado Apocalipsur (Mejía, 2008). Ahora, desde su silla de Comunicador Social me veía temblar en el más intimo de los fracasos, queriendo darme una mano, y sonriéndome como si fuera el diablo. Así lo vi yo, y de nuevo me negué a trabajar en la televisión. Me dijeron que se trataba de hacer un documental en tres días, y empezaba al día siguiente.

    Escándalo en el incipiente gremio, para mi mal.

    Al año siguiente, en 1998, me llamaron de una productora bogotana para dirigir el piloto de una serie sobre viajeros jóvenes en Colombia, extranjeros bellos de pinta guerrera que venían a recorrer el país con la idea de que era un paraíso. El deber era grabar sus recorridos, y así lo cumplimos, pero la primera objeción que me encontré, y que por mucho tiempo fue la última, era la misma que suponíamos en Madera Salvaje nos íbamos a encontrar siempre que trabajáramos en la televisión: no puedes mostrar esto, quita esos tugurios, "¿por que mostrar las cosas feas del desarrollo?" (esta última pregunta la transcribo de modo literal).

    DEBAJO DEL PUENTE


    Clemencia (Gómez, 1997), de la Trilogía del Amor y la Muerte

    Pasé debajo de un puente, digamos, aunque fuera en un cuarto de mi casa acomodado como hueco infernal, unos siete años más, y desde allí llamaba a todo quien pudiera ayudarme a realizar lo que había bautizado en el periódico El Mundo como "video independiente". Así pude realizar dos documentales y tres cortos de ficción, todos de media hora cada uno. Incluso uno lo pudimos grabar en el idílico pueblo de Jardín, inspirados en la literatura de Mejía Vallejo.

    Entre tanto, la demoledora soledad de un esquizo-afectivo, como fui diagnosticado por esos años, el temor agresivo a todos mis vecinos, que yo pensaba amigos del fascismo, posibles denunciantes de mi apego inveterado a la bulla pletórica y desmandada de los astros en caída y retorno permanente por las cuatro esquinas de mi pieza parda, me aislaron por completo y labraron una fama de apátrida y atrabiliario que las emisiones de mis cortos por Telemedellín y alguna vez por Teleantioquia no lograban redimir.

    La conminación de mi familia a rehabilitarme o irme a dormir a la calle fue harto saludable, aunque me costó en principio cierta confusión y luego la parálisis del lado interno y al fin una convulsión miedosa en el suelo del Día de las Brujas, después de todo lo cual me di cuenta de que el mundo debe ser perfecto porque si no te corta de algún modo la cabeza, en eso como en todo es bastante recursivo.


    La valentía (Gómez, 2000), de la Trilogía del Amor y la Muerte

    Salí de la clínica La Alborada (y lo contaré en mi mejor novela) dispuesto a dar la talla al mundo maravilloso de amor exigente y mano grande, en la Medellín de todos los corazones suspirantes. Lo primero fue hacer un documental sobre familias de Medellín de todos los sectores sociales. La investigación animosa debía penetrar todos los recovecos, y extraer información pronta. "Los cogemos corticos", dijo mi superior.

    "Los cogemos corticos", repito, y estuve a punto de renunciar otra vez, pero me dije que todo en la vida es como debe ser, y que nuestra actitud cambia el mundo. Al fin entregamos un video en que, tal cual, todos quedaron corticos, un ladrillo que decepcionó, antes que nada, a quienes lograron que esa arcilla cuajara tal.

    De ahí en adelante, un trabajo en televisión con verdadera fortuna, otros lamentables, especialmente en el ramo del video institucional. Para mí, desde que había empezado a pensar la imagen con el excepcional critico Luis Alberto Álvarez, mi padrino de confirmación y de trabajo en Kinetoscopio, lo audiovisual era asunto delicado en que se movían almas y se manipulaban corrientes de sentido estremecedoramente inexorables.

    Carta a Juan (Gómez, 2012)


    "Quod scripsi, scripsi" (lo escrito escrito está), había dicho Pilatos de la leyenda que había puesto sobre la testa sangrante de Cristo en la cruz, y algo más tenebroso quedaba plasmado, esto ya como un sudario del mundo, en la celda tricolor del aparato visor. Esa exhibición ante lo publico, en el ágora de la televisión, suponía poco menos que el camino de la res al matadero, pero para hilar hasta ese extremo uno debía haber, o bien visto bien y leído a Pasolini, o simplemente, como mis amigos de Madera, haber descubierto que la realidad, social o material, es una selva arrasada por ganadores.

    Hoy veo cómo a algunos sensibles realizadores audiovisuales se les niegan espacios en Medellín por no hacer parte del coro edificante de los estribillos de innovación y, en suma, desarrollismo a toda costa. Aquellos corifeos que desde los canales locales, puros voceros de la institucionalidad gobernante, niegan como inútil o improcedente o incluso negativo y de hecho impropio, inadecuado, al fin invisible, todo lo que debe vivir en carne propia, ya no el pueblo, sino todo ser humano, desde el hambre hasta el vacío de sentido, pasando por toda suerte de conflictos y de traumas, profundísimos traumas, apenas parecen comenzar a entender que la revolución tecnológica del video independiente cogió ya una ventaja que no es posible ignorar.

    Tratado sobre la mentira (Gómez, 2014)


    Lo audiovisual sigue siendo asunto pragmático y utilitario para poner en cintura el mundo de las apariencias ingobernables y hacerlas significar lo que nos conviene, y también quiere ser asunto de ganancias o al menos sostenibilidad en el pueril y encantador ramo del entretenimiento. Pero sobre todo es un maremagnum de latencias rebeldes, donde lo ignorado pugna por hacerse oír, ver, sentir como el manoseo descarado al que lo someten, y además se filtra en aquellos otros usos, y lo preña todo, y se deja hacer.

    Ser realizador audiovisual es casi nada, porque hoy todos podemos serlo. Es nada, porque precisa pensar, antes de serlo. No lo es, porque el daño ya está hecho.