• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Cuatro textos de pensamiento político (4)


    UNA IMAGEN REAL



    Por Raúl Soto Rodríguez

    Todos los días nos atropellan las noticias de la guerra que a diario se vive en distintos lugares del planeta y de nuestro propio país. Guerras con cadáveres, cuerpos destrozados, lugares en ruinas y miseria gozan de un cubrimiento mediático y estratégico donde, hoy por hoy, caben o no las imágenes fuertes de acuerdo al bando que las mire, porque a ratos no se mira nada, o casi nada: una cámara quieta transmitió en 1991 una lluvia de fuegos resplandecientes con sonido de explosiones en vivo desde Bagdad. CNN informó, y esa es la guerra tecnológica, no hay cuerpos, no  hay heridos, no hay edificios en llamas, no hay dolor. Bajo el manto de la noche los fuegos pirotécnicos de los misiles y las baterías antiaéreas nos hacen testigos de un ataque desprovisto de seres humanos, de vileza, de horror. Dice Susan Sontag: “Los productores de noticiarios televisados y los directores gráficos de periódicos y revistas toman todos los días decisiones que fortalecen el consenso sobre los límites de lo que debe saber el público”[1]. En nuestro tiempo, donde la imagen es la ley del suceso, no se puede establecer un “juicio objetivo” de aquello que no se puede ver.

    Parte de la esfera pública se alimenta de retazos hechos con imágenes que se ofrecen de una realidad promovida desde los medios tradicionales como una galería infinita de nuestro tiempo. Sobre ésta nuestra conciencia crece en cuanto más conocimiento poseemos, y sólo lo poseemos si estamos conectados con lo que acontece en nuestro mundo; la pregunta sería a qué estamos conectados, o qué estamos viendo. Las noticias y sus imágenes son selecciones de una realidad que se acomoda o tiene un punto de vista preestablecido: “la imagen fotográfica, incluso en la medida en que es un rastro… no puede ser la mera transparencia de lo sucedido. Siempre es la imagen que eligió alguien; fotografiar es encuadrar y encuadrar es excluir”[2], nos recuerda la ensayista norteamericana.

    “Ser espectador de calamidades que tienen lugar en otro país es una experiencia intrínseca de la modernidad...”[3].

    “La fotografía ofrece señales encontradas. Paremos esto, nos insta. Pero también exclama: ¡Qué espectáculo!”

    La guerra como espectáculo y la imagen como su soporte nos invita a pensar que el mundo es muy injusto, que mi queja es vana, pues en otros lugares hay sufrimientos peores a los míos, y desde allí me ubico para observar y ser testigo, convencido de que el mundo de los otros no es un lugar agradable para vivir, resguardado en un sofá al frente de un televisor, donde alcanzo a sensibilizarme por tanta crueldad, por tanta realidad, hasta que el zapping me lleve a otro lugar del universo. “La fotografía ofrece señales encontradas. Paremos esto, nos insta. Pero también exclama: ¡Qué espectáculo!”[4].





    [1] Sontag, Susan. Ante el dolor de los demás. Editorial Alfaguara. 2003. p. 81.
    [2] Ibíd., p. 57.
    [3] Ibíd., p. 27.
    [4] Ibíd., p. 90.