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    “El Faro” (Bottia, 2013), actualmente en cartelera


    DE NUESTRO DESTINO


    Ofelia (Karen Hinostroza), en El faro (Bottía, 2012)

    El tercer largometraje de Pacho Bottía, uno de los directores más importantes en la historia del cine colombiano, fundamental para la región Caribe, fue estrenado el año pasado en el 53er Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI 53). En este breve texto, Andrés Upegui reflexiona sobre los alcances de lo que, para Bottía, siempre ha debido ser el cine: una metáfora de nuestra vida

    Por Andrés Upegui

    El faro es una metáfora de la luz que indica el camino, de la orientación, del guía, del encuentro del puerto seguro. En el viaje por la vida son necesarios faros que nos orienten, nos guíen y nos sirvan de indicación para encontrar la ruta certera cuando nos hemos perdido.

    Y Genaro y Ofelia son dos jóvenes perdidos, desorientados: aquél huye desesperadamente de la milicia, como un “remiso”, ésta cree que su salvación está en volver a encontrar a su madre adoptiva en España. Huyen de sus raíces, de su cultura. En este mar de confusiones naufragan y caen en el morro del viejo faro de Santa Marta. Allí encuentran al anciano guardafaro Ángel, quien sabe que morirá pronto, pero a partir de una lenta y morosa relación con Genaro en la que ambos se ven, como en un espejo, reflejados el uno en el otro, el joven ve en la vida del viejo, el faro, la imagen, la dirección que podrá definitivamente tomar su vida. De Ofelia no sabremos cuál será su destino final. Quizás ella también repetirá la historia de la vieja Dolores, la mujer de Ángel.


    Ofelia (Hinostroza) y Genaro (Andrés Castañeda)

    Pero, además este espejismo de identidades reflejadas está atravesado por la referencia política. Ángel, antes de morir, le ha dejado como su legado a Genaro un viejo cañón de la época colonial. Sin embargo, el alcalde y el senador locales disponen de este patrimonio cultural público como de un bien privado. Por enésima vez el hombre público dispone del bien común y de la fuerza pública como si fuera su propio peculio y su ejército privado. Al fin Genaro hará justicia y salvará el cañón escondiéndolo donde no se lo puedan llevar. Este cañón es otra metáfora del honor y la dignidad del guardafaro: del viejo Ángel y del nuevo Genaro.


    Como en el viejo refrán, esta película, en el tono menor de un adagio, con una luz diáfana y clara, con el ritmo moroso de la vida provincial y caribe, nos muestra que “lo mismo es aquí que allá” y que después de dar muchas vueltas es allí donde nacemos, donde está nuestro destino y que toda fuga no es sino un espejismo, un escape de aquel misterio del que nos es imposible escapar: el misterio de nosotros mismos.


    Juan Manuel Buelvas (productor), Karen Hinostroza y Pacho Bottía, en el estreno de El faro, en el Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI) del año pasado