• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Los 90: “Pulp Fiction” (Tarantino, 1994), según Rafael París Restrepo


    LA EXCENTRICIDAD DE LA VIOLENCIA




    Pulp Fiction (Tarantino, 1994)


    Como complemento indispensable o más bien contraste parcial de la discusión adelantada con la publicación del artículo del ilustre Luis Alberto Alberto Álvarez sobre Pulp Fiction (Tarantino, 1994) en nuestra entrada anterior, lo que hay aquí es una postura que difícilmente puede entablar diálogo con la del más que establecido crítico, ya que en este texto el entonces joven estudiante de publicidad Rafael París, miembro fundador de Madera Salvaje y ya en esos días programador de la sala de cine del Museo de Arte Moderno de Medellín, quien llevaba apenas un año escribiendo en Kinetoscopio, se ubica con soltura en el mismo criterio amoral que Álvarez descalificaba con tanto escándalo y que, por principio, no podía aceptar. Hoy, cotejar en estos textos, por ejemplo, los argumentos sobre Asesinos por naturaleza (Natural Born Killers, Stone, 1994), lo ayuda a entender todo, pues para París Restrepo los fenómenos del universo de Tarantino deben ser considerados con ópticas más complejas que las de una moral "normal" que por aquellos años comenzaba a ser del todo desautorizada por la sencilla pero apabullante realidad del mercado, esa que al tiempo las convenciones institucionalizadas de lo bueno y lo malo buscaban defender ya sin un piso lógico posible.

    Por Rafael París Restrepo (texto publicado originalmente en Revista Kinetoscopio, vol. 6 - No 30, Marzo - Abril, 1995, pp. 72-75)

    Pulp Fiction, traduce literalmente ficción pulpa. Esta denominación hace referencia a ese tipo de narración rudimentaria, sin procesar, que desprecia lo real y que exige poco discernimiento al espectador, aspirando sólo a entretenerlo con formas argumentales y estéticas preestablecidas. Sus reglas obedecen a ciertas convenciones caricaturescas, a un gusto por los personajes exóticos, lo espectacular y la sorpresa gratuita. Muchos buenos directores han comprendido la naturaleza del Pulp Fiction y han renunciado a representar lo real desarrollando interesantes trabajos de gran entretenimiento en los que sobresalen argumentos crudos, explícitos y sin atenuantes que confirieron a los géneros matices simples pero contundentes. El principal peligro de narrar en estos términos es el hecho de que estas formas preestablecidas pueden convertirse fácilmente en kitsch, en repeticiones de mal gusto, que en vez de crear novedad pueden hundir una obra en el más triste de los tedios.


    Toda una estética

    Todos los medios y todos los géneros alguna vez han jugado al Pulp Fiction. A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta fue una herramienta de primera mano para desmitificar la inocencia y la limpieza que exhibía Hollywood en sus superproducciones. En esta época surgió Sergio Leone con sus western spaghetti que proponían una riqueza visual y sonora de bajo presupuesto, al igual que la serie sobre Edgar Allan Poe realizada por Roger Corman y las películas de horror de la productora inglesa Hammer, que en ocasiones alcanzan el nivel de obras maestras. Al Pulp Fiction pertenecen los gangsters de El padrino (The Godfather, Coppola, 1971), con sus vistosas gabardinas disparando inmisericordemente mientras gritan: “¡Vito Corleone te saluda!”. En cambio, los de Buenos muchachos (Goodfellas, Scorsese, 1989),  no pertenecen a esta categoría, ya que esa puesta en escena realista enriquecida con detalles casi documentales les confiere un carácter muy diferente, completamente alejado de la exageración.




    Quentin Tarantino

    Hoy en día, el principal cultor del Pulp Fiction es el americano Quentin Tarantino, quien ganó el año pasado la Palma de Oro en el Festival de Cannes con la película del mismo nombre, película que, además, ostenta siete nominaciones a los premios Oscar de este año. La obra de Tarantino siempre ha sido controvertida. El guión de True Romance (T. Scott, 1993), su primer trabajo famoso, contaba los enredos de un ex soldado (Christian Slater) y una prostituta (Patricia Arquette) con una maleta repleta de droga. En su precipitada fuga a Los Angeles les tocaba vérselas con villanos de la talla de Christopher Walken y Gary Oldman; enfrentamientos en los que no faltaban los detalles típicos de Tarantino, entre ellos el hilarante viaje en montaña rusa y una balacera rociada con una lluvia de plumas. Aquí ya es evidente el gusto de Tarantino por los juegos de palabras y los diálogos descabellados, en un guión que debía mucho al genial Sam Peckinpah y su lúcida representación de violencia urbana, al igual que a David Lynch y su gótico pos-moderno que expone de forma exuberante lo descompuesto. Si la historia perdió fuerza fue debido a la dirección desinteresada de Tonny Scott –Top Gun (1986)–, quien se extravió en toda clase de clichés y reiteraciones insípidas de lo repugnante. Luego vino Asesinos por naturaleza (Natural Born Killers, 1994), guión realizado por el famoso Oliver Stone, en el que se narran las aventuras de una pareja de psicópatas, Mickey y Mallory Knox (Woody Harrelson y Juliette Lewis), convertidos en objeto de culto por los medios de comunicación, especialmente por un periodista amarillo llamado Wayne Gale (Robert Downey Jr.). Stone aseguró que con su película buscaba solidarizarse con los personajes que la prensa amarillista había transformado en fenómenos de consumo, pero lo cierto es que el resultado es bastante diferente a esta intención. La película está filmada y editada como un videoclip en el que predominan la brevedad de las imágenes, el cambio de un formato a otro y los efectos especiales. Si bien se crea una impresión hipnótica al intercalar las imágenes de los Knox con documentales televisivos y series violentas, la verdad es que la idea de esta visualización es inadecuada, ya que distorsiona malvadamente a los personajes como lo hubiera hecho el mismo Wayne Gale. La perspectiva que se muestra de Mickey y Mallory es la de unos súper hombres petulantes e invencibles que terminan estando en la tradición de Rambo y Schwarzenegger más que cualquier otra cosa. La promesa de un acercamiento a la humanidad de los protagonistas se va disolviendo en el camino y uno termina convencido de que Stone tratando de ser satírico terminó poniéndose al nivel de los que criticaba.

    Asesinos por naturaleza (Natural Born Killers, Stone, 1994) - Fragmento: parábola de la serpiente

    Por estas razones, muchos estábamos prevenidos con Pulp Fiction (1994), pero Tarantino terminó demostrándonos que es algo muy distinto que él dirija sus propios guiones y en este sentido es capaz de dejar atónito a más de uno. Al contrario de la mayoría de las películas contemporáneas, su propuesta depende más de un buen guión con excelentes diálogos, que de un simple jugueteo con la parte técnica. El guión cumple todas las reglas sagradas del Pulp Fiction, pero parece también un reverente homenaje a los estilos vanguardistas, a las situaciones absurdas y al automatismo que practicaban maestros como Buñuel y Fassbinder, los personajes de esta película son pobres diablos que juegan a ser poderosos para lograr sobrevivir en un medio convulsionado y, al igual que los Asesinos por naturaleza de Stone son seres predispuestos a la violencia y a la venganza. Sin embargo, a diferencia de estos últimos, hay un momento determinado en que sus máscaras de arrogancia caen dejando ver una faz desnuda y vergonzante. Es hermoso ver a la esposa del jefe (Uma Thurman) volver derrotada y sin maquillaje a su casa, después de su horrible aventura con Vincent Vega (John Travolta), verla ya sin sus ínfulas de diva pidiéndole humildemente a Vinnie que comparta el secreto con ella; hermoso es ver al boxeador Butch (Bruce Willis) decidiéndose a salvar de unos sádicos al mafioso (Marcellus Wallace), el hombre que estuvo a punto de destruir su vida, e igualmente es hermoso ver a Jules (Samuel Jackson), el criminal curtido, cuando deja ir sin condiciones a los bandidos principiantes del Drive-in.




    Pulp Fiction (Tarantino, 1994)

    Tarantino ha sabido crear una historia, que si bien no es verosímil –jamás ha pretendido que lo sea–, es original y entretenida, una historia que combina acertadamente edición y música para lograr un efectivo manejo del suspenso y la emoción.




    Posiblemente Pulp Fiction no sea una obra maestra, pero alcanza un nivel admirable y convierte a Tarantino en una de las grandes promesas del cine americano. Amanecerá y veremos.



    Pulp Fiction (Tarantino, 1994)


    2 comentarios:

    radio neblina dijo...

    Hola, Santi. Buen artículo. Hay un error de redacción en la autoría del guión de ASESINOS POR NATURALEZA, el guión en realidad es de Tarantino, pero se les fue el nombre de Stone.

    Madera Salvaje dijo...

    Compa, lo que pasa es que lo que quiere decir Rafael al decir "realizado" es "llevado a la pantalla"... O sea, es un guión no "realizado" en el sentido de "creado" o "llevado a cabo" o "elaborado", sino en un sentido que tal vez en su momento se hubiera visto como algo más técnico, de ser llevado a la forma audiovisual... Hoy es más difícil de entender, en verdad, pero así estaba... ¡Gracias...!