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    Ecologismo en elecciones


    SOLO INSPIRAS COMPASIÓN


    Por Santiago Andrés Gómez

    Hace poco pasé por la quebrada Zúñiga y pensaba cuánto de desastroso sería lo que sucedió luego, muy poco después: que talaran los árboles de su orilla. Esto no tiene excusa. No hay razón alguna para hacer lo que se está haciendo en una ciudad como Medellín, que no tolera un carro más, que está cada día más caliente, que mata sus ciudadanos de a miles por año con la contaminación que los responsables de la movilidad no se deciden a combatir. Medellín está en una crisis deplorable, y esta foto muestra que el asunto es planetario en niveles tan escandalosos como solo se aceptará con lágrimas de cocodrilo, cuando no se pueda ya hacer nada.


    Las líneas azules son Caño Cristales, los círculos rojos son deforestación dentro del Parque. Por favor, ayúdennos a difundir.


    Caño Cristales, como se sabe, es una de las maravillas naturales del mundo: puedo augurar que tiene los días contados. No es difícil. Y puedo decir, mansamente, que solo das lástima, humanidad, que solo inspiras compasión, y que la tierra, nuestra madre maravillosa, algo está preparando por cuenta nuestra, algo de lo que tal vez aprendamos al fin, cuando el tiempo cobre su faz absoluta en nuestra conciencia efectivamente mortal, al modo de lo que simplemente tiene su final. Yo, en lo personal, no me puedo ya afanar mucho por nada. Los efectos del documental que hice hace poco más de un año se quedaron en mi mente como los de quien se quedó solo y advirtió que la sociedad suele preferir lo cómodo en vez de lo sano. Pero justo porque lo sano es una forma de comodidad absoluta, que asume lo precario, los límites, la ignorancia en el caso aquel (nuestro mal es que no aceptamos que no sabemos nada y queremos o bien atacar o bien defender, en lugar de estar al lado, un tanto aparte, pero ahí, como quien simplemente es).

    Yo soy así, también. Yo sé bien a quién defiendo y qué quiero. Pero también aprendí que es mejor dar dos pasos atrás, justo para preservar lo que en verdad tengo, lo único que soy. Y para aprender a recibir lo justo, lo que no es solo para mí ni fruto de la ambición, sino del justo y recatado y compartido merecimiento.

    Así que en estos tiempos en que se habla tanto de la nación y olvidamos lo que es el suelo que pisamos, en que se habla de desarrollo sin saber lo que nos hace realmente humanos, o sea: cuando se han pervertido las nociones centrales de lo mismo que enarbolamos, pues la nación es un pretexto de los poderosos para fungir de necesitados, y el desarrollo un pretexto del necesitado para soñar con el poder, siendo todos muy poderosos sin saberlo y un poco necesitados exagerándolo, no queda más sino hacer lo poco, que es mucho. Pero no creas solo en las acciones individuales: cree en las colectividades medianas. Cree en el diálogo. Cree en la acción común. Los liderazgos protuberantes, míralos con desconfianza, pero no ataques porque sí ni te burles de quien tiene claridad. Démonos más bien la confianza para dialogar y debatir, hermanos y hermanas.



    Se vienen días tremendos en que la comunidad, como señala Juan, es la única que pude conseguir, bien ubicada donde está (o sea: las comunidades, en lugar de “la comunidad”), la defensa de los patrimonios que nos identifican como humanos y animales de agua con los pies en la tierra donde quiera. Importante mantener activas las redes. El silencio también es una opción, pero no lo es la inconciencia. Activos, rumorosos, bien informados, críticos, beligerantes, atentos al otro y oyentes de todo. El amor es a sí mismo, luego del ser milagroso que nos concita y congrega. Solo así puedes entender que el otro, incluso el triste asesino de la armonía, no es más que un tránsito del camino, un pedazo extraviado de lo mismo que amas y te hace, y que el destino este en su podredumbre y pesadilla es un privilegio enorme y aun más: único, en el que el reto es poder mantener la calma y asumir el consuelo del otro cuando crees que no puedes más.

    A mí todo me saca las lágrimas, pero ya no de dolor solamente. Es algo lo que se ha logrado defender, y diría que es mucho. Hay motivos para tener esperanza, siendo certeza de lo imborrable en la aceptación de la muerte compañera y paz de silencio en el ruido despiadado, brutal e inmisericorde.