• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Editorial Octubre 2015


    POR QUÉ UN MAL CRÍTICO PUEDE SER TAMBIÉN UN BUEN CRÍTICO

    No somos de muchas lecturas, pero tratamos de recordar lo que leemos y de aplicarlo como corresponda, a veces desde su contexto, a veces como aplicación formulada. En esto, como todos los lectores, cometemos aberraciones. Robert Stam, que desde 2010 se volviera para nosotros un guía en la teoría del cine, sobre todo en su apreciación ecléctica o "cubista", habla de algo así como maravillosos errores y aciertos frustrados en la historia del pensamiento sobre cine. Esto es algo maravilloso que podría abrir las compuertas a lo que no debe ser del todo una reconciliación, o que sin duda no puede ser una reconciliación idílica, sino crítica, con quienes escriben de cine en Medellín y Colombia, con Pedro Zuluaga a la cabeza. Nadie es tanto, ni siquiera nosotros, como para llevarse solo pedradas ni aun la mayor parte de las que muy otros también se merecen, y nosotros por igual, en una u otra ocasión, aunque jamás sin alguien que salga en defensa de lo indefendible, para bien nuestro.

    Cuando Santiago Gómez se sintió, más que lógicamente en ese instante, objeto de un comentario irónico del filósofo Juan Diego Parra, a fines de la década pasada, en la publicación virtual Extrabismos, sobre los deseos de algunos críticos por adueñarse de la verdad, el comentario caló profundo. En una discusión posterior con su viejo amigo, hoy reconocido no amigo, Zuluaga, en los foros de Facebook, Gómez predicaría luego incluso una suerte de indiferencia ideal con respecto a las propias posturas, como lección quizás aprendida, quizá provocada por el comentario de Parra, quizá solo intensificada y al fin evidenciada. Luis Alberto Álvarez tenía penosas flaquezas que acaso acentuaban su brillantez, como su sectarismo religioso, su burla de las estéticas populares, su incomprensión de las luchas políticas, pero lo peor era su arrogancia ante críticos que querían encarnar alternativas a su palabra, como Juan Guillermo López o el propio Gómez en su momento.

    Nuestro compañero y editorialista es él mismo un crítico "lleno de vacíos", pero lo que nos hace aún mantener un interés por su palabra y su trabajo, crítico así mismo en lo audiovisual, y en lo creativo también intelectual, es su llamado escueto a no defender con tanto recelo la propia voz y negar con tanta ligereza los propios errores, o nuestros relativos, históricos desfases, en el lamentable error de esconder la limitación que, en cambio, y realmente, define nuestra verdadera naturaleza humana, nuestra legítima y precaria identidad. Bazin, Sarris, Kael, Daney, son críticos que alcanzan un lugar, incluso dentro de las polémicas, marcado por sus carencias, pero sin duda establecerían, por ejemplo Kael en su pelea con Sarris, un patrón más enriquecedor para el cine si no establecieran oposiciones irreconciliables, sino acaso complementarias, y si pensaran y se expresaran con un afán de reconocimiento del otro, de una, creemos, innegable motivación de lo que contradecimos, e incluso de una validez y aporte suyo para la comprensión de nuestras propias ideas.

    Esto lo escribimos con la intención de dejar en claro lo que en el prefacio a su Ataque salvaje a la crítica de Medellín, Gómez (pues todo hay que reconocerlo) puso en claro, y es que el error, los vicios, hasta las bajezas humanas, son parte de su carrera, aunque quiera "desmarcarse" de las que luego condena. Así mismo, que todos y cada uno de los críticos contra los que acomete, han hecho uno y más aportes invaluables a la breve pero riquísima historia del audiovisual en Colombia. Es más fácil decir qué es un mal crítico (un mal crítico siempre tiene la razón: es lo único bueno que tienen), que decir lo que es un buen crítico (todo buen crítico se equivoca, pero a tu favor). En próximos meses, a fines del próximo año, Madera Salvaje pretende hacer un examen que valore el aporte de la crítica y la academia sobre cine en nuestro país, con el beneficio de una distancia que, como sugiriera Karl Mannheim, podría y deberá aportar en ese momento específico un necesario desinterés al respecto.

    Esto como prefacio a la tesis doctoral de Gómez, sobre Andrés Caicedo, el crítico que quiso "universalizar lo particular", pues "todo gusto es una aberración".