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    Editorial Diciembre 2015


    SELNICH VIVAS ESCRIBE DE TRATADO SOBRE LA MENTIRA

    Tratado sobre la mentira está disponible en DVD en Cinextreno, tel. 513 0679

    Por Selnich Vivas Hurtado, Ph.D.

    Vivimos entre figuras. Con esta idea se podría resumir el horror que aparece desenmascarado en la película Tratado sobre la mentira de Santiago Andrés Gómez. Vivir entre figuras, pensó Rilke, fue la comprobación de que no somos dueños de nuestro destino; apenas sus víctimas. El destino es lo que padecemos, gracias a los sueños, a los inventos impuestos por otros. Y tal comprobación, antigua, por cierto, resulta absolutamente actual y pertinente para este malévolo clima pre-electoral. Todos quieren pensar por mí y nadie quiere que yo pueda sentir por mí mismo. El ejercicio es simple: hacer creer a otros mis ideas hasta el punto de que ellas se vuelven las únicas, las verdaderas. Cuando esto suceda, las ideas que desencajen frente al sistema dominante deben ser estigmatizadas por peligrosas, subversivas, terroristas y, por tanto, imperiosamente eliminables. Y todos los seguidores de una idea terminan por aclamar la eliminación sistemática de la diferencia. Lo mejor es estar de acuerdo con la multitud.

    La película de Gómez lo muestra con la sencillez que debería caracterizar la educación superior: Un periódico —no importa ni la época ni la lengua ni el nombre, puede ser El Colombiano, El País, El Clarín, El Comercio, The New York Times, Die Bildzeitung— inventa para sus lectores, sus feligreses, el mundo que quiere gobernar, sobre el cual no admite el disenso. Allí aparecen sus enemigos, sus mecenas, sus potentados, sus gustos, su lógica. Allí se clasifican los seres en superiores e inferiores, en sabios y torpes, en espíritus respetuosos y espíritus peligrosos. Si quieres saber de dónde viene tanta violencia y tanto dogma, lee periódicos. 

    Para nadie es un secreto que desde la invención de la imprenta los seres más poderosos se hicieron dueños de los periódicos y las revistas, fueran de izquierda o de derecha. Da igual. El mundo que nos venden es un recorte enfermizo. Ellos descubrieron que con unas cuantas palabras altisonantes y unas imágenes impactantes podían determinar nuestros pensamientos y condicionar nuestras reacciones. Los oscuros hombres de genio, para decirlo con el Borges de Tlön, nos legaron la fe en lo impreso y nos obligaron a creer en sus bondades. A repetirlas por automatismo. 

    Por eso cuando una película desmonta esa fe en la letra impresa y en las imágenes oportunistas, levanta ampolla, es decir, despierta conciencia, atención sobre el funcionamiento de nuestro propio aparato cognitivo. Las preguntas que se insubordinan son claves para la vida sana: ¿Cómo seguimos habitando este mundo de figuras? ¿Cómo vivimos sin darnos cuenta que no vivimos realmente nuestra vida? ¿Tendremos alguna salida a estas ficciones legitimadas por el poder y la violencia? ¿Es posible acceder por experiencia de nuestro ser en el mundo a una realidad más nuestra, más meditada y buscada? ¿O estamos condenados a ser consumidores de la realidad de otros (periódicos, revistas, noticieros)?