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    Columna 1 : el espacio de opinión de Madera Salvaje


    DEL CAPÍTULO DE ISAGEN


    Segundo Calvo: Salvador, me alegra mucho que no estés tan bien como yo, como has dicho, pero que ahí vas. No todos pueden decir lo mismo, y eso no es consuelo de tontos: diría yo más bien al contrario, y en verdad vos lo sabés mejor que yo. En fin, ve: ¿apagaste la luz ayer para protestar por la venta de Isagen? Porque para averiguar eso es que te llamo. Yo apagué la luz y me quedé dormido hasta esta mañana.

    Salvador Gallo: Hiciste bien, Segundo. Yo en cambio estaba pendiente de hacerlo pero me puse a leer y se me pasó la hora. La luz es muy necesaria para leer en la noche, especialmente, y desde el atardecer hay que prenderla, en beneficio de los ojos, pero ya ves que así como lo emboba a uno, sin ella uno puede pasársela muy bien durmiendo ese sueño tan atrasado que tenemos todos.

    Segundo Calvo: Increíble. Vos que tan despierto sos y se te pasó la hora. ¿Y qué estás leyendo, si puedo saber? ¿Seguís con García Márquez?

    Salvador Gallo: Todo García Márquez, por cuarta vez, y por quinta te lo digo, pero eso no importa. Hace dos semanas te conté que estaba leyendo El General en su laberinto, y tal vez por eso no le he prestado tanta atención a lo de Isagen. Mirá: este país está vendido desde hace mucho. Es más: está regalado, que es peor, con todos sus habitantes.

    Segundo Calvo: Yo diría que no puede ser del todo como decís.

    Salvador Gallo: Entonces, para haber terminado la obra de Gabito en dos semanas debería haber leído de noche todos estos quince días y aún no habría acabado. ¿Me creés capaz de eso?

    Segundo Calvo: En otros tiempos, sí.

    Salvador Gallo: Eso. Ahora no. Brego a gastar lo necesario, sin ahorrarme con mezquindades la energía que sé imprescindible para una buena vida. Por ejemplo, agua no ahorro, al menos no todavía. Lo que uno gasta, incluso si lo hace con todos los demás ciudadanos, no es nada en comparación con los desmanes de la industria. Es que ve, Segundo, lo que hay que hacer es un golpe de estado muy calculado con los astros.

    Segundo Calvo: Avemaría. Hasta allá no habíamos llegado. Íbamos en que el país estaba vendido.

    Salvador Gallo: Cierto. Eso hablábamos hace quince días cuando te conté de los arrepentimientos del General de Gabo por los empréstitos que negoció con Inglaterra, y que los santanderistas nunca vieron con malos ojos, sino que más bien aprovecharon para enriquecerse, como los abuelos que negociaron el Ferrocarril de Antioquia, o como los Barco y unos amiguitos míos con las tierras que vendieron a la industria petrolera a fines del siglo antepasado, o principios del XX. Todo esto no te lo había dicho la última vez que hablamos, solo te mostré cómo García Márquez había querido, según yo creo, hacer una diatriba educativa política contra la dirigencia de Colombia en un trance crucial para el país, a fines de los ochenta, que el periódico El Tiempo le frustró. En cambio lo demás que ahora te digo es para que entendás que lo de Isagen no va a empeorar mucho las cosas, o no más del horror en que hemos estado desde que somos lo que somos.

    Segundo Calvo: Yo creo que ahora esto es sensiblemente distinto.

    Salvador Gallo: Ya me dirás el por qué.

    Segundo Calvo: El agua es el recurso de Colombia, y es su as bajo la manga, o bueno, era. Puede sonar muy oportunista, pero como tantas otras veces me lo has dicho, o incluso me has enseñado, la política es el arte del oportunismo. Y una nación se conduce así porque no hemos encontrado otra lógica que la competencia, desde siempre. O al menos desde que le vendimos el alma al individuo. ¿Voy bien?

    Salvador Gallo: Has desarrollado una lucidez increíble en medio de tu misticismo.

    Segundo Calvo: Y eso que para mí el místico sos vos. Solo que negativamente. Yo estoy seguro de que hay una evolución, y parte del entendimiento que debemos procurar cultivar entre nosotros como humanidad está en apropiarnos de cuanto es responsabilidad directa nuestra. El agua de Colombia no debería estar en manos de quienes solo la quieren para comerciar con ella para otros que no son quienes la podríamos cuidar como algo sagrado, ya que es la que nutre nuestra propia tierra y a nuestros hijos.

    Salvador Gallo: Esa agua es energía eléctrica, Salvador, no sé si se te olvida. Y el argumento más altruista para contradecirte es que no importa quién sea el dueño del agua que corre por nuestra nación, mientras sí la sepa cuidar. Yo prefiero pagar por el agua que no tenerla, y los colombianos hemos sido muy displicentes con todos nuestros recursos.

    Segundo Calvo: ¿Entonces qué propondría Salvador Gallo si tuviera voz para hablarle a la gente?

    Salvador Gallo: Yo nada más digo que la discusión es muy otra. Sabemos que la venta de Isagen es para mejorar la infraestructura vial y portuaria del país y así mejorar el comercio marítimo, sobre todo con los países del Océano Pacífico. Pero el desarrollismo no tiene futuro, al menos para nosotros, y el sistema económico en que estamos, que no es propiamente capitalismo clásico, sino algo un tanto más enloquecido, aunque derivado del capitalismo por lógica marxista, es un sistema que negocia con la gente, no con productos, ni con servicios, ni con recursos. El cuento del conocimiento como riqueza, o la innovación, se ha vuelto un cultivo, una selección artificial o cría de ingenieros, para incrementar el consumo en formas inimaginables. El resultado será o es ya un mundo como lo pintaron las distopías, pero que es al mismo tiempo una utopía para más de uno, y me incluyo. Pero si uno tiene algo de sensibilidad por el destino de los demás, la única alternativa es la guerra frontal, aunque también taimada. En Colombia, debe ser una guerra frontal, a sangre y fuego: a muerte. Necesitamos una guerrilla ecologista, pero hay que estrechar los objetivos y avanzar hacia las urbes. Para el globo, en cambio, nuestra guerra debe ser taimada y prudente, debe ser incluso todo menos una guerra en sí. Debe ser una mezcla de retórica y creatividad conjunta, en respeto de todos los credos. Hablo de los guerreros de la Madre Tierra.

    Segundo Calvo: Ejem. Este... ¿O sea que en Colombia la lucha política sí debe ser una guerra?

    Salvador Gallo: Sí, alineada con los astros, y con su silencio.

    Segundo Calvo: Te siento muy desesperado, y muy frío. Das terror.

    Salvador Gallo: Eso es fruto del escepticismo absoluto. Las protestas usuales no sirven de nada, Segundo. ¿Sabés cuál sería la acción más agresiva y eficaz?

    Segundo Calvo: ¿Cuál?

    Salvador Gallo: La que planteó Mandela para tumbar el Apartheid en Sudáfrica. Dejar de comprar en los supermercados, pero no diez minutos, ni un día: semanas, meses, ojalá años. Y tener pliegos claros de peticiones, primero que todo, o exigencias, mejor. Pero las comunidades están hoy muy disgregadas. En cualquier caso, así se solucionaría incluso la idea de usar el agua para dar energía. Quiero decir: así se lograría lo que fuera. La resistencia es limitada, siempre, pero con un objetivo se puede llegar a donde se quiera, porque la rueda central del sistema está desgastada. Tené la seguridad de que hay mecanismos periféricos que están reclamando un nuevo orden.

    Segundo Calvo: ¿Entonces vos dirías que la venta de Isagen es buena?

    Salvador Gallo: Estoy seguro, más bien, de que los supuestos colombianos no sabrían hacer mejor uso de ella que los supuestos extranjeros. El agua y la energía son hoy un recurso global. Me parece muy gracioso que muchos hablen de la soberanía de una nación cuando es claro que sus pueblos no la tienen.

    Segundo Calvo: Me mataste con esas palabras. Menos mal yo soy alguien que trasciende las palabras y la vida misma, Salvador. Mirá, compañero: yo te recomiendo que volvás tus ojos a Dios, o a la noche, para que hallés en la renuncia la satisfacción que pedís de todas las necesidades. No es necesario ser sensible a la realidad del otro, porque si sos consciente de tu realidad, sabrás que tu realidad y la del otro son una sola y misma cosa. Estás pendiente de unas miras a muy largo plazo, y creés que no te engañás. Yo supongo que hay más ahora y que todo lo habido antes y lo que haya después también es más de lo que pueda imaginar aun la incuestionable ignorancia. Entre tanto, vale seguir el camino que humildemente acerca el horizonte a tus pies. Yo apagué ayer la luz, muy contento de ser de los pocos, u ojalá muchos, que prestan atención a un tipo de protesta que parece ser el único que nos queda. Tal vez esté engañado, pero en un sentido correcto. Tener la razón, hoy en día, no es sino una ilusión.

    Salvador Gallo: Mirá, Segundo, como siempre, desde hace tiempo, querré oír esta grabación algún día, y espero que los espías que nos vigilan a todos me permitan oírla, porque me da pereza pedirte que me repitás tus palabras. Lo del horizonte que el camino acerca humildemente a mis pies sonó bonito. Por eso me voy a dormir, porque tenés razón: he vuelto a mis andadas. Ayer pasé la noche entera leyendo y releyendo a Gabo. La luz me hizo falta, y necesito del sueño.