• Espacio de difusión y debate sobre el video y el cine nacional, y sobre temáticas relacionadas. Tribuna abierta a la diversidad y plataforma de discusión estética y política.

    Columna 3 : el espacio de opinión de Madera Salvaje


    DE LA PAZ POR PLEBISCITO


    Salvador Gallo: ¿Qué rumbos nos traza la vida, Segundo? No has vuelto a llamar por estos predios.

    Segundo Calvo: No creás ni que estoy más ocupado de lo normal ni que te tengo inquina por las sandeces que hablás. Ni lo uno, ni lo otro. A veces, simplemente, me olvido del mundo. De hecho, lo que llamo tus sandeces en verdad no me lo parecen del todo. Eso podés darlo por descontado.

    Salvador Gallo: A mí, en cambio, justamente, me hacía falta desquitarme del mundo con alguien. Creo que vos, que tan buena opinión tenés de todo, o sea, quiero decir una opinión tan completa, e incluso sí, en últimas tan favorable de todo y de todos, por tu tolerancia desmedida, sabés bien que yo no tengo opinión formada de nada, o que la tengo solo cuando debo decirla, y por eso tus preguntas usuales sobre mi condición y estado me resultan de mucha utilidad.

    Segundo Calvo: Para desquitarte del mundo conmigo, ¿no?

    Salvador Gallo: Sí, pero no sin darte la chance de que vos te desquités también conmigo. Necesitamos desquitarnos del mundo, Segundo, en eso consiste todo, y las discusiones solo son posibles por el amor al otro que nos lo permite.

    Segundo Calvo: De todos modos vos y yo nunca discutimos. Yo incluso sé por qué me estás llamando justo hoy.

    Salvador Gallo: A ver, ¿por qué?

    Segundo Calvo: Me llamás a hablar de la rasgadura de vestiduras de las gentes por la visita de unos guerrilleros de las FARC al corregimiento Conejo de la Guajira.

    Salvador Gallo: No te voy a dar el gusto de decirte que sí, pero podemos hablar de eso, si querés. Se nota que te mordés la lengua por decir algo.

    Segundo Calvo: Ja, ja. Si no tenés nada que decir, yo no voy a decir nada tampoco. No me importa tanto el asunto como para tener que esgrimir argumentos ante nadie.

    Salvador Gallo: Esto sí me sorprende.

    Segundo Calvo: Claro que sí tengo cosas que decir, pero hoy me parece un tanto inútil discutir algo al respecto.

    Salvador Gallo: Eso es lo que me sorprende. Sé que habría mucho que hablar, y te negás.

    Segundo Calvo: Tomaré eso como una pregunta, y la voy a responder. Me conocés bien. Dejame decirlo de la mejor manera. Yo digo que la paz en Colombia debería ser una prioridad, pero también que los protocolos sociales son la forma de la paz por excelencia. La sola democracia es un protocolo, un haz de protocolos. Pero si las FARC rompieron un compromiso, están forzando el protocolo sin necesidad de ser violentos, porque no lo hacen a ocultas. Están ejerciendo una violencia tamizada, digámoslo así.

    Salvador Gallo: Estás defendiendo a quien no tiene voluntad real de paz, aunque crea que sí, y que no la tiene porque el respeto por la palabra comprometida es primordial para seguir cualquier protocolo. Si no, esto sería como siempre en el país: la norma como letra muerta, o violada.

    Segundo Calvo: Esa objeción es buena, pero relativa. Depende de hasta donde vos forcés el protocolo. Es que yo puedo estar en desacuerdo con algo e incluso irrespetar un protocolo, y seguir siendo pacífico. El protocolo está hecho para estirarse, para aguantar esas salidas, para entenderlas como un signo de algo más. Todo protocolo, hasta cierto punto, da para un irrespeto que exige la civilidad del afectado, a ver si resiste su propio compromiso.

    Salvador Gallo: Eso es una cualidad de los protocolos pero en beneficio de las relaciones, no para que una de las partes abuse de ella. Aquí, en cambio, y de entrada, no hay respeto de parte de la guerrilla por su interlocutor, el Estado, que desde luego tampoco es ninguna pera en dulce, pero el gran problema es que al fin se irrespeta a la comunidad que el Estado representa: las víctimas, la sociedad civil...

    Segundo Calvo: Las guerrillas también representan parte de una comunidad rota, escindida. Lo que más importa aquí es el sentido de ese desacato, Salvador, el mensaje que se está dando. Hay que mirar más allá de la letra para que sea letra viva. Es que el mismo acto de cumplir con los compromisos a veces no necesita del respeto esencial por el otro, eso está aparte. Vos mismo has sido siempre pragmático y no romántico.

    Salvador Gallo: De hecho estoy dialogando.

    Segundo Calvo: Bien. Me ponés a prueba. En el caso de los diálogos de las FARC con el gobierno de Santos los tratos no pueden ser solo especulativos. Pero la fidelidad a los principios puede y hasta cierto punto debe mostrar que, precisamente, los acuerdos se pueden romper en cualquier momento. Nadie sabe qué quiere imponer el Estado colombiano, o tal vez sí lo sepamos, dentro del protocolo, pero ya de manera inaceptable para las FARC.

    Salvador Gallo: Está bien. Entiendo. Las FARC estarían haciendo una demostración de fuerza política que no hay que juzgar sino entender, por nuestro propio beneficio. Pero vamos más allá. Esos diálogos se van a romper. No hay cómo continuar con ellos por mucho tiempo, y no va a ser el plebiscito el que frustre el proceso. Es la imposibilidad, o es más: las imposibilidades, de que las FARC se reconcilien con el establecimiento.

    Segundo Calvo: Bueno, no quería llegar hasta allá. Y decís una palabra que no soporto.

    Salvador Gallo: Yo sé cuál, la última que dije, ¿no?

    Segundo Calvo: Sí. El establecimiento. Eso es algo que se me hace un misterio de misterios. Creo que opera más allá de las voluntades de todos, y es capaz de lo que fuere por encima de sus propios desaciertos. Hasta equivocando el camino que busca, llega a donde quiere llegar, a donde necesita.

    Salvador Gallo: No te preocupés, con la anarquía sucede igual.

    Segundo Calvo: Más allá de formalismos, ya me tenés intrigado. ¿Por qué se va a caer el proceso de paz?

    Salvador Gallo: Tal vez no se caiga y se frustre después, es parte de lo que quiero decir. Primero que todo, opino que la anarquía está dentro del establecimiento, aunque no sea lo mismo que el establecimiento, y que este en el fondo solo consiste en la nostalgia de la anarquía, porque ella también lo implica. O sea que no es la anarquía lo que quiere las FARC, pero el establecimiento sí debe imponerse, y reabsorberá a las FARC de algún modo, como aliado o enemigo.

    Segundo Calvo: Explicame esto último. ¿El establecimiento reabsorberá a las FARC como aliado o enemigo?

    Salvador Gallo: Sí. Los cambios motivados por los diálogos de paz tienen un origen lejano pero clarísimo en la imposibilidad de que hablaba un general, un antiguo Ministro de Defensa, no sé si Matallana o Matamoros, de acabar con las FARC y de que las FARC derrotara al Ejército, la imposibilidad de que cualquiera de los dos gane definitivamente la guerra. Uribe tampoco fue capaz de ganarla, y sobre todo no iba a serlo Santos si seguía con los métodos de Uribe, que eran inviables, una simple perpetuación intensificada y descontrolada de la guerra, con miles de víctimas inocentes. Las FARC, que crearon a Uribe, aceptaron el diálogo por las ventajas particulares que le ofrecía, y porque de otro modo la guerra se hacía más cruenta de lo que ellos quisieran, aunque podían enfrentarla muy bien. En últimas, la imposibilidad de que hablaba el antiguo Ministro de Defensa no es tanto de que la guerra tenga fin, sino de que en Colombia haya alguna vez una paz verdadera.

    Segundo Calvo: En otras palabras, ¿las FARC hacen parte del paisaje ya?

    Salvador Gallo: Peor aun: como en el caso del Frente Nacional, creo que, hoy por hoy, toda paz con las FARC será caldo de cultivo para una guerra más atroz, si es que cabe una guerra más atroz en Colombia. Me explico: para el establecimiento, las FARC en política implican un riesgo que no sabrían asumir, y lo único que pueden hacer es volverlas a ellas parte del establecimiento, que es lo que se está buscando, un mero partido que cambie las apariencias pero no las estructuras, o bien mantenerlas como su contraparte, como su enemigo, que entiendo como la única alternativa. Y esto no porque las FARC sean unas blancas palomas que no se mancharían de la corrupción estatal, sino porque son ideólogos y soldados al mismo tiempo, o criminales, digamos, con una causa pretendida en su mente. Es decir: al parecer, ni aun queriendo hacer la paz, las FARC no pueden aceptar las condiciones de ser parte del establecimiento, pues implican la pérdida de muchas garantías que tienen como guerreros. Ellos, en general, no eran simples mercenarios, como los paramilitares. Mejor dicho: los autores intelectuales de sus crímenes eran ellos mismos. ¿Me hago entender sobre el detalle fundamental? Va más allá de lograr, digamos, una amnistía.

    Segundo Calvo: Vos sos de los que insisten en que ellos no tienen programa político, sino ambiciones políticas.

    Salvador Gallo: No es eso. Respondeme más bien qué programa político, sea el que sea, atenuaría los crímenes de las FARC.

    Segundo Calvo: No es que haya uno que los atenúe, sino que su existencia los explicaría. El programa político de las FARC es un programa político revolucionario, que en Colombia implicaba la guerra.

    Salvador Gallo: ¿Cuál es ese programa político de las FARC?

    Segundo Calvo: Es casi inmoral que preguntés eso, viendo que la respuesta está al alcance de todos. Si querés, podés llamarlo Castro-Chavismo, que es lo que a mí me parece más interesante, porque en términos llanos es una simple propuesta política, y satanizarla, que es lo que hacemos aquí, no puede llevar sino a que “Satanás”, digamos, tenga más poder, y a que los que se creen ángeles, un montón de piezas del capital sanguinario, sean su rival eterno, que es el mismo fenómeno que vos estás describiendo.

    Salvador Gallo: Bueno. Y Dios con el diablo no puede, desde luego.

    Segundo Calvo: Eso lo decís vos, es lo que vos querés creer. Yo sigo con mi idea. En los diálogos se ha avanzado a fondo, y los cambios que se le proponen al país son también estructurales. Ahora, en este momento hay un gran desencuentro en la forma de legitimar los diálogos ante la nación. Para avalar esos cambios socialmente, el plebiscito no sería del todo una alternativa falsa, pero lo que sí la hace falsa es, de una parte, la incidencia de los medios, y de otra, que con él se elude la discusión abierta de los asuntos esenciales. En cuanto a lo primero, si las FARC tuvieran el mismo despliegue en medios que obtiene no solo el gobierno, sino el capital burgués, la gente tendría más opción para decidir si lo que quieren llamar todavía el Castro-Chavismo, o mejor su ideología de fondo, es una postura democrática o no. Entre tanto, el establecimiento le teme a la asamblea constituyente porque sabe que ahí se determinaría más ciertamente la realidad de los diálogos previos, y las fuerzas en pugna estarían más parejas. Estamos frente a una trampa.

    Salvador Gallo: Me parece que todo eso es cierto. Pero no hacés sino corroborar lo que sostengo, Segundo. Aquí al fin se demostrará de nuevo inviable la convivencia del establecimiento, que es muy obtuso, con las FARC, que son radicales.

    Segundo Calvo: Lo que más me llama la atención es el nombre y el lugar del corregimiento en el que las FARC decidieron mostrarse para decir que todavía pueden dar marcha atrás. Conejo, en la Guajira, ¿no? Pueden hacer conejo, que es como hacer pistola.

    Salvador Gallo: Claro, y en la Guajira, que es un territorio que en su parte venezolana, por mucho que nos duela, no creo que sufra tanto como en Colombia.

    Segundo Calvo: Exacto, Salvador.

    Salvador Gallo: Pues bien, lo único bueno, en cierto modo, es que si consideramos el problema en el contexto que ha alcanzado, terminaríamos siendo optimistas. Entre los bandidos de las FARC y los bandidos del Estado van a tener que mirar con mucho cuidado cómo no hacerse daño del todo, pues la asesoría internacional va a ser de enorme incidencia. Aquí ni el Ejército ni los guerrilleros quieren aceptar lo mucho que ya están casi obligados a pagar por sus crímenes, y ni hablar de los políticos y sobre todo los medios, que tal vez nunca vayan a mirarse en el espejo con honestidad. Yo siento que este no es un momento clave, sino el momento clave.

    Segundo Calvo: Todos los momentos han sido clave, Salvador. Yo creo que vos sabés, y ya lo has dicho, que el entendimiento total no se va a alcanzar nunca. Mejor entenderlo así, digo yo. Esto, en verdad, apenas comienza, y tenés razón, al mismo tiempo es una fase más del conflicto.

    Salvador Gallo: Pero fundamental.