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    Columna 4 : el espacio de opinión de Madera Salvaje


    DE LA MANIPULACIÓN MEDIÁTICA


    Salvador Gallo: ... pero, Segundo, hay cosas que no son del día, sino de todos los días, ¿no? Asuntos que deberían encararse de una vez por todas.

    Segundo Calvo: No me dejás terminar.

    Salvador Gallo: Es que no te dejo terminar justamente porque ya no te prestaba atención, porque creo que estás repitiendo como un lorito lo que los medios masivos de comunicación nos ponen a decir, cuando hay cosas de fondo que siempre dejamos de lado.

    Segundo Calvo: Estaba diciendo que yo desapruebo lo que hizo Vicky Dávila divulgando mensajes privados para probar actos de corrupción, pero no por el hecho en sí mismo, sino solo porque aquí el proceder fue torpe, o llegaba, por la naturaleza de esos mensajes, a exceder su labor como investigadora, y nada más. La cosa iba bien encaminada, pero, simplemente, se le salió de cauce. Y no digo que entonces esté contra los gay que defienden su intimidad, ni mucho menos, sino que lo que pasó en verdad en ese episodio era otra cosa muy distinta a una persecución de género. El resultado de la operación no estuvo bien previsto. Aunque bueno, eso también ya lo han dicho otros.

    Salvador Gallo: Vale, te había entendido desde hacía rato, ya no hay por qué enfatizarlo más. De todas maneras, siento que eso sí se volvió un escándalo mediático, pero como solo era posible y ya casi natural en nuestros tiempos. Es como si fuera apenas lógico, Salvador, y nada inocente por parte de la periodista, que esperaba el mismo escándalo, pero a su favor. Lo que pasa es que, desde luego, lo de fondo siempre será algo más, desde el principio de toda noticia, algo que se escapa. No es que ahora yo vaya a censurar la labor mediática de seguimiento a una mafia corrupta, sino que, si te das cuenta, la cosa, de modo muy característico, realmente estalló solo cuando se dieron a conocer mensajes íntimos e ilegítimos, y ya ves que el hecho no hizo pensar mucho a nadie entre la opinión pública, sino casi solo inflamar pasiones. Eso quiere decir que, igualmente, de aquí en adelante solo lo superficial de este caso importará. La gente va a seguir este asunto como se sigue una película o una serie policial.

    Segundo Calvo: ¿Eso creés? Yo no sé. El sábado secuestraron al policía que denunció los hechos, pero a él, si está vivo, ya no le debe importar si eso se sabe o no: supongo que todo lo que hubiera querido sería una protección efectiva.

    Salvador Gallo: Al parecer eso fue un fraude, según acabo de oír, pero precisamente, hoy en día dudo mucho de la bondad de la información. De hecho, creo que los problemas o vicios sociales que desnuda el caso de la Comunidad del Anillo no me importan tanto en este momento, sino el cómo los medios de comunicación son incapaces de dirigir la atención hacia esos problemas y vicios, sino solo hacia lo más superficial del fenómeno. Lo más interesante, incluso, de la polémica sobre la divulgación de los mensajes privados fueron simplemente las interpretaciones tan divergentes que hizo la sociedad sobre ellos y sobre la divulgación misma.

    Segundo Calvo: Eso no es lo más interesante, sino lo más lamentable. Por eso Vicky Dávila fue víctima, la pobre, de su propio invento. La lección es que el fin no justifica los medios, algo que todos olvidamos continuamente.

    Salvador Gallo: De acuerdo, pero también te olvidás de que el fin o el objetivo de la Dávila y su equipo periodístico era engañoso, por principio. Con respecto a esto, su fin habría sido siempre denunciar la corrupción, ¿no? Hasta ese punto, yo defendería el trabajo que hicieron ellos, estos periodistas, porque hay que ponerlo en contexto, y ese intercambio de mensajes funcionaba como una prueba y pondría la situación, idealmente, ante la sociedad, visto después de muchos esfuerzos que para una justicia eficaz es a veces más funcional el escándalo que el mismo procedimiento legal.

    Segundo Calvo: O sea, según vos, se podía atacar lo indebido con lo indebido.

    Salvador Gallo: Exactamente, pero además de eso hay otra cosa, más dramática, que hace un fuerte contrapeso, y es que la pesquisa de Vicky Dávila es puntual, sumamente restringida y, para ser conciso, muy sospechosa. Se trata de un caso específico, y sin embargo ella así se convierte o pretende convertir en adalid de una lucha contra un problema generalizado. Nadie se pregunta qué no dejó de mirar, qué otros grandes o peores problemas equivalentes de la misma corrupción, o más graves, ignoró Vicky Dávila en beneficio de su larga empresa personal.

    Segundo Calvo: Pues sí. Yo tampoco me lo pregunto. Es difícil, y parece casi hasta inmoral preguntarse eso.

    Salvador Gallo: Y con todo, creo que es lo que ella misma debió haberse preguntado. El asunto nuclear, la corrupción, se desmorona en cuestiones anecdóticas que además hacen figurar la situación como una lucha entre buenos y malos, lo cual no es ni de lejos.

    Segundo Calvo: ¿No son malos los corruptos y los asesinos?

    Salvador Gallo: No, aunque tampoco digo que sean buenos. Y ni siquiera estoy diciendo que los periodistas sean propiamente o aun en parte malos. Pero aquí empezarían sutilezas políticas y filosóficas que no generarían sino rencor contra quien las postule o simplemente las exponga, como yo ahora mismo. Te aseguro que en términos estadísticos, si esto que afirmo como inoperancia final de la prensa no lo piensa sino una minoría imperceptible, el desprecio o incluso el odio contra esa minoría, si se divulgara su pensamiento, sería absoluto.

    Segundo Calvo: Pues, de hecho, yo me acerco un poco a ese desprecio por lo que decís. Yo sí creo que haya categorías morales socialmente establecidas, y no estoy dispuesto a disculpar a nadie por sus crímenes. En ese sentido, no solo discreparía con vos, sino que te cuestionaría humanamente. Lo que pasa es que te conozco muy bien.

    Salvador Gallo: Yo, en cambio, de buen grado conservaría esa distinción de conceptos que hacés. Yo condeno los crímenes, pero ando con cuidado de condenar a las personas, de etiquetarlas, y sobre todo de convertirlas en chivos expiatorios, y aun más me cuido de creer que los castigos personales solucionarían problemas sociales o eximirían de su responsabilidad en estos a la sociedad castigadora.

    Segundo Calvo: Me parece que estás respirando por una herida más que sancochada. No entiendo cómo defendés, entonces, a Vicky Dávila.

    Salvador Gallo: La justifico por dos cosas: porque ella obra dentro de un esquema que inconscientemente refuerza, pero que todos, y yo también, avalamos; pero también la justifico porque objetivamente está denunciando un crimen aun a costa de ciertos valores que al fin vemos que no son absolutos, como el de la intimidad.

    Segundo Calvo: Puedo suponer que lo que lamentás es la tendencia social de atenuar el crimen dependiendo de cuál sea o de dónde provenga. Está bien. Me sorprende un poco que me reafirmés en contra de mi parecer. Yo estoy de acuerdo, pero no creo que sea posible atacar un crimen cometiendo otro crimen. De hecho, Vicky está obrando tal como vos lo desaprobás, porque considera absolutos unos valores y otros no. Habría más bien que someterse al ordenamiento jurídico.

    Salvador Gallo: Ja, ja.

    Segundo Calvo: Sí. “Ja, ja”, reíte. Te lo concedo. Pero esa mía es una postura más realista, aunque yendo lejos coincide con tu pragmatismo, en cuanto estoy seguro de que hay cosas más importantes que el develamiento mediático de una corruptela así, y no de otra. Por su naturaleza y por sus repercusiones, esa noticia debía haberse reservado.

    Salvador Gallo: Nada cambiará realmente para bien en ese aspecto, sino quizás hasta que la cultura sea distinta, tanto en Colombia como en el mundo.

    Segundo Calvo: Ahora hablemos de otra cosa, que ese capitán que denunció a la Comunidad del Anillo y unos desconocidos desaparecieron debe de estar ahora más machacado que un putas, y me dan ganas de llorar por él, y por nosotros.

    Salvador Gallo: Ya te conté que su secuestro fue un fraude. Vos tampoco me prestás atención.