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    Crítica sobre "De palabras y palabreros", de María Helena Restrepo


    PARA GOZAR LA VIDA


    Por Santiago Andrés Gómez

    Qué bueno sería que este texto hallara, si no una repercusión contemporánea mayor, que se merece al menos o sobre todo en su tierra, sí un salvamento, una garantía de conservación. Los cuentos de María Helena Restrepo, en De palabras y palabreros, muestran a una narradora vital y sagaz, hundida hasta el tuétano en el tráfago de la vida, pero capaz de observar y dar relieve a eventos y rasgos sutilísimos de nuestra existencia social e individual, y por esto mi interés en promulgar algunos de los valores de este libro espero logre despuntar en un texto digno de ellos y que despierte el interés que se merecen.

    De palabras y palabreros es el primer libro de una mujer que pasa de los sesenta años, pero que siempre ha sido una enamorada de la lectura y de los relatos, del habla, de la tertulia, del celebrarnos con eso que rescata en el mero título del libro: la palabra. Producto en un principio de su asistencia a un taller de escritores, y finalizado gracias a un trabajo individual intenso, guiado siempre por su profesor, William Rouge, el libro fue publicado por la autora misma y destinado a sus seres más queridos, como cuenta en la entrevista que le realizáramos hace poco y que se puede leer en este enlace:
    http://maderasalvaje.blogspot.com.co/2016/02/entrevista-maria-helena-restrepo-sobre.html

    Se trata de 25 cuentos unificados sin excepción por la narradora, la propia María Helena. En ocasiones parecen simples confidencias sobre hechos pintorescos, y yo creo que ser algo más no necesariamente redundaría en que fueran mejores piezas literarias. Pueden quedarse ahí, y su valor es el mismo de otros episodios que la escritora elabora de modo más complejo. De hecho, así como todos los cuentos comparten un tono y una perspectiva que les da su gracia y su hondura, también comparten cierto descuido, propio de la falta de un corrector de estilo, que en otras ediciones y nuevos libros sería mejor evitar.

    Pero esto no llega jamás a obrar en desmedro de la escritura de Restrepo, que alcanza momentos verdaderamente inolvidables y, estoy seguro, de enorme significación, especialmente en algunos cuentos. Uno de los más sencillos, llamado “En la fila”, es toda una síntesis de la cultura antioqueña en el cuadro de lo que le sucede a la narradora un día mientras hace fila para pagar en el mercado. La decisión de dejar sus cosas sin comprar porque el escándalo que una cliente ha creado absurdamente la demora para ir a cine (a ver La dolce vita), es un clímax formidable, y toda una manifestación de principios.

    En la misma línea, “Siempre bella” es incluso escalofriante. Se trata del retrato de una mujer de clase alta que tiene una obsesión: verse bien, y el conocimiento del asunto llega tan a fondo que en lugar de exagerar lo que sin duda es una patología social, la narradora hace énfasis en la despreocupada hija de Laura, el personaje central, hija que desatiende los consejos de su madre, que se deja engordar sin mayor neurosis y que sin embargo es feliz con su pareja. En cambio, “Camino a la perfección”, sobre unos fanáticos religiosos, llega a amedrentar por la claridad en la descripción de la locura.

    Todos estos son cuentos que María Helena funda en lo que ha sido su experiencia de vida, pero lo que a mí más me emociona, mucho más que las anécdotas de su libro, es la claridad mental de la voz narradora. En su cuento “Sola”, María Helena se explaya contando cómo sabe disfrutar de su propia vida, cocinando, tomando un vino mientras cocina, cantando mientras oye música. De hecho, uno de los más ricos filones del libro es el uso de letras de canciones, que ella sabe emplear a la perfección, y que alcanza alturas sublimes en el cuento “Para partir con ella mi cariño”.


    La sabiduría de Restrepo está en su consideración de los demás como un misterio que merece total respeto, y en su asunción de sí misma como el mayor regalo que hubiera podido recibir. La recuperación de experiencias como las que cuenta en “El columpio” o “Patasdilo” son, como otros cuentos suyos, digamos “Una pausa en el camino”, verdaderos cantos a la autonomía del individuo, lleno de dignidad en medio de las más difíciles encrucijadas, pero además con ella como protagonista irónica de las contingencias del destino.

    Yo agradezco con el corazón a esta mujer que se ha revelado de cuerpo y alma en esta colección de historias fascinantes, y sobre todo encantadoras. Algunos cuentos, como “¿Ha visto usted a don Onofre, el palabrero?” o “El ballenato”, se constituyen incluso en visiones de país, el uno ubicado en los Llanos Orientales, el segundo en el Pacífico (en Nuquí), visiones que en la mirada femenina, auspiciosa, gozadora, de Restrepo, abarcan territorios y culturas mayores, nacionales, con imágenes poderosas, como la fiesta en el primer cuento, y el rescate de un ballenato en peligro, en el segundo.

    Por supuesto, recomiendo su lectura. Es un placer, o muchos, para la vida.