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    En el FICCI 56: “Oscuro animal” (2016), de Felipe Guerrero


    UNA METÁFORA DE LA RESISTENCIA FEMENINA


    Por Adriana Rojas E.

    Felipe Guerrero para muchos podrá ser un nombre desconocido, pues gran parte de su trayectoria ha sido como documentalista experimental y como montajista, su obra  difícilmente se habrá podido ver en algún canal de televisión, ya que Guerrero se caracteriza por realizar trabajos que se salen totalmente de los cánones del cine convencional. Desde sus primeros documentales: Medellín (1998), y Paraíso (2006), filmados en el formato de súper 8mm, nos presenta una propuesta estética disruptiva entre la imagen y el sonido, con obras que deben leerse cada una por separado, pero que tienen en común una narración discontinua, en la que el montaje del sonido cobra gran relevancia frente a la imagen, pues no está supeditado a lo que esta denota. Posteriormente realiza en el formato de súper 16mm el documental Corta (2012), en el que aborda el trabajo de los corteros de caña, y en donde el montaje en cámara va a marcar el ritmo de la narración, mientras que el diseño sonoro nos sumerge en diferentes momentos del espacio acústico – visual creado por el director.

    Antes de su primer largometraje de ficción, Guerrero realizará el cortometraje Nelsa (2014), trabajo en el que anticipa –parte de– lo que veremos en Oscuro Animal (2016); en Nelsa el autor nos muestra lo que puede ser la cotidianidad de “un grupo” que hace parte de la guerra colombiana; las acciones revelan con frialdad cómo el ser humano se convierte en un bulto más para quemar. Guerra que se desarrolla “en el monte”, trabajo en el que el sonido de la naturaleza nos adentra en un espacio no identificado, o por lo menos un espacio no nombrado. En Nelsa vamos viendo una cotidianidad de la muerte; breves fragmentos de imágenes de un grupo de “militantes” que transportan cadáveres, contrastan con momentos cotidianos, como el dormir, y luego tomar un refresco, mientras el que sirve ese refresco es un hombre con una pierna mutilada, siendo este –explícitamente– el espejo para los demás “militantes”. Nelsa hace parte de esa guerra, es otro (otra) “soldado” más, aunque por ser mujer cumple una función adicional, la de servir como objeto sexual de quien, se infiere, es el jefe, como luego lo veremos también en una de las historias de Oscuro Animal.

    En Nelsa, Guerrero nos anticipa algunas secuencias de lo que veremos en el largometraje, el autor opta por mostrar la frialdad de los “militantes” pero se nos la presenta sin mostrar sangre, sin una acción explícita de cómo ellos realizan las masacres; él recurre a mostrar esos “bultos” de muertos, que de por sí generan escalofrío, mientras vemos cómo van a ser quemados en un hueco, como si no pasara nada fuera de lo común.

    El mutismo de los personajes –presente tanto en Nelsa como en Oscuro Animal– aporta a que la narración se vuelva más fría, es como si estuviéramos viendo maniquíes de la guerra, seres no sintientes. En Nelsa se puede interpretar que siguen a un líder, o mejor, al “ideal” del líder, de ese de quien vemos su imagen pegada en una pared de la casa a la que llegan Nelsa y los demás “soldados”, siendo esta una referencia patente a nuestro tiempo; la publicidad política del afiche con la imagen del líder nos permite inferir que ese líder hace parte de toda esa maquinaria de la muerte; el cortometraje, por lo tanto, toca un tema político vigente en Colombia.

    Mucho de lo que se presenta en Nelsa va a ser más desarrollado en Oscuro Animal; en el largometraje, el conflicto armado es nuevamente el tema central, aunque la narración es fragmentada en las historias de tres mujeres.

    Oscuro Animal tuvo su estreno iberoamericano en el FICCI 56, e hizo parte tanto de la Competencia Oficial de Ficción como de  la Competencia de Cine Colombiano. Previamente había sido estrenado en el festival de Cine de Rotterdam (Holanda), en el que fue seleccionado para la Competencia Oficial del 2016.

    El largometraje ha iniciado un recorrido por diferentes festivales de cine, recientemente obtuvo cuatro premios en la ediciòn 31 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, recibiendo los galardones a Mejor Pelìcula Iberoamericana de Ficciòn, Mejor Director Iberoamericano, Mejor Fotografìa para Fernando Lockett, y Mejor Actriz, este premio lo recibieron las tres protagonistas: Marleyda Soto, Luisa Vides Galiano y Jocelyn Meneses.

    En este trabajo, Guerrero nos presenta el conflicto armado, centrado en las vivencias de tres mujeres, y cómo estas resisten la guerra, cómo la afrontan, y finalmente, cómo pueden salir adelante.

    UNA CRUDA SUTILEZA
    Desde la primera secuencia sentimos el sonido envolvente de la naturaleza, un sonido que nos sumerge en el campo colombiano; planos en los que predomina el verde de la vegetación, y nos ubican en un entorno –aparentemente– tranquilo; sin embargo, pronto descubrimos cómo el ser humano, en este caso “los actores armados”, transfiguran ese espacio, ese campo, y lo convierten en escenario de despojo, violación, y muerte.

    La propuesta estética de Guerrero, en la que el sonido va a ser un elemento esencial para crear una atmósfera acústica que nos sumerge en “el campo” donde se desarrolla el conflicto armado, se funde con un estilo visual de cuidadísima fotografía, en la que los paisajes del campo colombiano contrastan con las fuertes imágenes de los muertos, de hombres mutilados, de secuencias en las que se refleja el terror y el sufrimiento de las víctimas.

    Guerrero no opta por los diálogos, sino que a través de las acciones y de las expresiones gestuales y corporales de sus personajes, podemos ir siguiendo e interpretando lo que va aconteciendo en cada historia; el espectador tampoco accede a los nombres de los personajes, solo al final, cuando pasan los créditos de la película, descubrimos quiénes interpretaron cada uno de los personajes.

    En Oscuro Animal el director no llega a nombrar cuáles son “los actores armados” que se retratan en las historias, sin embargo,  el espectador podrá interpretar –con los detalles de las acciones– a cuáles “actores” se hace referencia; aunque también se puede inferir que no hay tales “actores del conflicto”, sino que es uno solo, un monstruo dominante y terrorífico.

    El largometraje puede ser entendido también como una muestra de la resistencia de las mujeres, y algunos de los roles que éstas han tenido en la guerra Colombiana.

    La actriz Marleyda Soto le da vida a Rocío, una campesina que se ve forzada a dejar el campo para unirse a ese éxodo de familias que deben huir hacia la capital por causa del  conflicto armado. En esta historia veremos cómo el solo hecho de huir hacia la ciudad se convierte en un conflicto para las víctimas; en el desarrollo de la historia, vemos cómo ella se cruza con otros que viven el mismo destierro; en los gestos de los personajes se verá reflejado el terror y el sufrimiento al que son sometidas estas víctimas.

    Paralelamente se desarrolla la historia de La Mona, interpretada por Jocelyn Meneses, en la cual el  director presenta un crudo relato de violencia sexual. Las imágenes muestran la tortura a la que se ve sometida La Mona y cómo ésta logra escapar de sus verdugos; un retrato de dominio, humillación y dolor, en el que se hace notoria parte de esa violencia de género dentro de la guerra colombiana.

    En la tercera historia vemos el personaje de Nelsa, interpretada por Luisa Vides; mujer que hace parte de un grupo de “militantes”, un grupo de “soldados”, del que fácilmente se puede deducir son paramilitares. La historia de Nelsa tiene una doble mirada, ella es victimaria, pero a la vez es víctima de su propio jefe, quien la usa como objeto sexual; aquí Guerrero vuelve a tocar el tema de violencia de género en la guerra.

    Guerrero decide mostrar la crudeza, la barbaridad de la guerra; pero el director no recurre a dramatizar escenas de enfrentamientos, o de cómo se efectúan las masacres; el autor hace una elección de forma al narrar la guerra sin ser explícito, sin mostrar sangre, sin realizar las recurrentes escenas de acción belicistas; sin embargo, esa elección de forma se convierte en toda una propuesta estética, en la que el director va más allá de lo que puede ser obvio, y nos muestra otra manera de narrar –no menos cruda– a qué han sido reducidas las víctimas de la guerra, y cómo terminan convirtiéndose en bultos.

    Oscuro Animal se centra en el conflicto armado colombiano, pero el autor no solo expone el sufrimiento de las víctimas, sino que él opta por darle un giro a cada una de las historias, y sus relatos terminan siendo esperanzadores, mostrando cómo las víctimas también pueden salir adelante; convirtiéndose el largometraje en una exaltación a la fuerza de las mujeres, a la solidaridad entre las mujeres, como lo presenta, especialmente, en las historias de Rocío y La Mona.

    Felipe Guerrero en Oscuro Animal hace  un reconocimiento a todas las mujeres que han sido víctimas del conflicto armado; aunque el autor nos enfrenta a ese “monstruo” de la guerra, y cómo desde adentro puede surgir lo más siniestro y terrorífico del ser humano, también crea una metáfora sobre la resistencia femenina.