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    Columna 6 : el espacio de opinión de Madera Salvaje


    DEL SEXISMO


    Salvador Gallo: Hablo del lugar y su imagen. Eso es algo que existe en cada quien más allá del género.

    Segundo Calvo: En cierto sentido existe más allá del género, pero en otro sentido no, porque siempre depende de lo que hayas visto, de cuál haya sido tu experiencia, además de que nunca ves sin un cúmulo de experiencias anteriores.

    Salvador Gallo: O sea que no, en ningún sentido. Todo depende de quién soy sexualmente.

    Segundo Calvo: Claro, pero además de quién sos como persona. No es que el sexo te identifique del todo.

    Salvador Gallo: A ver, yo estaba recordando nada más un lavadero de mi niñez, en que había un olor especial de ropa vieja limpia, de jabón crudo, de agua corriente, con un montón de prendas acabadas de lavar al lado, y la discusión que tuve con una primita que llegó allí con su perrito, una imagen lejana e inolvidable que me llegó como la Magdalena de Proust, sin previo aviso, mientras miraba esta mañana por la ventana.

    Segundo Calvo: Sí, pero me hablaste del privilegio que tenías sobre esa primita de que cuando vos fueras a la casa de tus abuelos se llevaran a donde un tío el perrito de ella, solo porque eras niño y ella niña.

    Salvador Gallo: Sí, sí.

    Segundo Calvo: No sé si supiste lo que pasó la semana pasada, creo que el viernes, una discusión fuerte entre la crítica literaria Carolina Sanín y otro montón de gente que se le fue encima en la Feria del Libro de Bogotá por lo que consideran un fanatismo feminista de ella.

    Salvador Gallo: No, no supe.

    Segundo Calvo: Pues deberías haber sabido. Sanín es intransigente, pero lo que dice está muy bien. Y es que no debería haber privilegio de género, de ningún modo, y punto. Pero eso culturalmente está tan afincado que será imposible para ella tal vez seguir viviendo en Colombia. Porque es muy combativa.

    Salvador Gallo: Pero es que a veces hay que sacarle la gracia al asunto. A ella no la van a matar por ser mujer... Bueno, esperá...

    Segundo Calvo: ¡Eso decís vos!

    Salvador Gallo: Sí. Es muy complicado. Los feminicidios son una plaga en todo el mundo. Y es innegable que a las mujeres las vapulean constantemente en los chistes, como si recibir entre sus piernas el sexo masculino fuera algo que necesariamente las rebaja o las subyuga ante un poderoso allí, para siempre y en todo lugar.

    Segundo Calvo: Sin contar con que lo que se entiende como normal es la visión del hombre como patrón del modo de entender las cosas, que va más allá del lenguaje y está en asuntos como las absurdas diferencias de salarios entre hombre y mujer.

    Salvador Gallo: Pero no me vas a negar que todo eso genera una sensación alienante de pertenencia de género que desvirtúa la igualdad que las feministas pretenden...

    Segundo Calvo: Las feministas y los feministas, por favor. Allí es indispensable decirlo con equidad.

    Salvador Gallo: Bueno, las y los, porque yo no puedo considerarme feminista. Lo digo con total respeto y me niego el título porque me doy cuenta de que culturalmente me muevo desde siempre en los rieles del machismo. A eso voy: creo que es inevitable considerar la diferencia entre hombre y mujer. No somos lo mismo, pero eso nos permite encontrar puntos en común en que sí somos iguales.

    Segundo Calvo: Esos puntos en común ahorrátelos. Se trata es de entender que la diferencia simplemente supone un trato igual. Es una cuestión de trato, nada más.

    Salvador Gallo: Yo estoy seguro de que hay algo que nos identifica, y no como almas, sino como percepción humana.

    Segundo Calvo: Eso puede ser interesante y apropiado para un primer nivel de equidad. Pero también supondría, si nos quedamos ahí, dejar las cosas como están o tratar a las mujeres (y a los gais, a las lesbianas y a las personas transgénero) como si no lo fueran, como si no tuvieran un pasado cultural especial, como si no tuvieran unas condiciones particulares, sobre todo biológicas en el caso del sexo femenino. Es que es muy poco lo que gentes como vos y yo pensamos sobre el asunto, casi nada lo que nos dejamos investigar, cuando se ha escrito tanto, y el hecho es que el esencialismo con que hablás es gravísimo. Nada nos constituye de un modo tan puro como para decir que somos exactamente lo mismo, sino que al contrario: cada quien está configurado por unas herencias culturales tremendamente marcadas, además de que su deseo o su voluntad pugna por encontrarse en ese debate desigual entre lo social y la dignidad individual.

    Salvador Gallo: ¿O sea que no hay entonces una adscripción sexista de las mujeres al feminismo jamás?

    Segundo Calvo: Tal vez la haya, pero eso está más allá de esta discusión. El feminismo es algo serio, que lucha por la equidad de derecho, por la libertad. Es hablar de mujeres que quieren cambiar los roles, y las que hacen el papel de machista en el otro sentido no son feministas. Creo que el sexismo de las mujeres es de verdad otro tema.

    Salvador Gallo: No, señor, es el mismo tema. Yo sé cómo los hombres sufrimos el propio machismo, también, y no es que sea del todo cómodo para nadie el sexismo masculino. Para la dignidad propia del varón complacido de sus privilegios o del macho alfa, puede ser imperceptible, pero la pérdida es constante por la simulación y vanidad con que esconden su verdadero afecto.

    Segundo Calvo: Pobrecitos. Es verdad. Justo por eso es válido el feminismo, porque busca eliminar los roles preestablecidos culturalmente: “no sea niña, no llore como niña”. Estas frases son un golpe bajo para nosotros también.

    Salvado Gallo: Lo entiendo. Pero insisto en que en lo que hay que pensar es en algo más que en un desquite, en algo más que en un constante despotricar de los hombres, en general, e incluso del machismo, para entrar a cuestionar todos los sexismos. Va a sonar horrible, pero el hecho de que la mujer se lleve la peor parte de todo no la hace propiamente superior.

    Segundo Calvo: La hace infinitamente más importante en este momento, la hace depositaria de toda nuestra atención, la debe hacer subir en todo tipo de merecimientos. Eso será en beneficio también de los hombres, cuya visión ha destruido este planeta.

    Salvador Gallo: Ja, ja. ¿Y por qué se limpian las manos, las mujeres? ¿Y qué pasa cuando ella es partícipe de su propia degradación? Sucede muy a menudo.

    Segundo Calvo: Claro, y sucede tan a menudo que la misma Carolina Sanín publicó el sábado en Facebook su decepción por la complicidad de muchísimas con el machismo. Pero eso, como decía, es algo ya no aparte de la discusión, como lo que vos llamás sexismo femenino, sino que el machismo de la mujer es una extensión del mismo problema del machismo. Es verdad: seguramente lo que buscamos todos es una conciliación con lo que por tanto tiempo ha sido negado y late en el fondo del corazón de la mal llamada civilización, que es la calidez de un hogar infinitamente tolerante y comprensivo. Por eso los feministas tenemos mucho que aportar y mucho que entrar a influir, así sea agachando la cabeza, comprendiendo nuestra propia condición de machos y cediendo el paso, asumiendo otras tareas con entusiasmo, como la escucha por principio y la ternura en todo.

    Salvador Gallo: Estoy de una sola pieza. ¿De verdad te creés toda esa palabrería? Yo sí, pero más de una feminista, te lo aseguro, no busca propiamente la calidez de un hogar materno infinitamente comprensivo. Es que me da un poco de risa y hasta lo que llaman pena ajena, Segundo. Por el contrario, las feministas más radicales buscan simplemente ocupar el papel de un juez, tomar el papel del legislador.

    Segundo Calvo: Y eso es lo que vos temés, ¿no es cierto? Salvador: en verdad eso último no tiene que ver con el feminismo, propiamente. Además debe haber libertades, ¿no?, dejar que cada uno, hombre o mujer, sea lo que le plazca.

    Salvador Gallo: Solo digo que quienes se tienen que poner primero de acuerdo son las mujeres entre sí. Pero eso es como otra abstracción. No te voy a negar que la visión hegemónica del mundo le da honores a los hombres que no deberían tener y tienen solo por ser barbados y tener un falo y voz gruesa. Y esa visión cuenta con la aprobación e incluso con cierta participación de muchas mujeres, y es del todo cuestionable. El feminismo quizás sea algo que va más allá del sexo y del género.

    Segundo Calvo: Pero debe partir de ahí. Eso, justamente, es ser racional y justo.

    Salvador Gallo: Vale, vale.