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    Sobre "Y de este mundo prostituto y vano solo quise un cigarrillo entre mi mano", de Rubem Fonseca


    LA JUSTICIA MERECIDA

    Por Cruz Mauricio Correa.

    En un entorno corrompido por la negligencia de la Policía y el sensacionalismo de la Prensa, el abogado Mandrake y el exnovelista Gustavo Flavio se juntan para aclarar el misterio de los retratos robados de la residencia de este y los asesinatos de las mujeres que aparecen en dichas fotos.
    Mientras hace un paralelo entre los oficios de la literatura y la investigación judicial y devela el anhelo inconsciente en el detective Mandrake de escribir una novela sobre el caso, el autor pone en marcha la idea de que la estructura de un relato está condicionada por los errores que comete su autor, así como el esclarecimiento de un hecho delictivo lo está por los errores del investigador.
    La falla más notoria que comete Mandrake es no fechar ni enumerar los testimonios de la investigación: los de la novia de Gustavo Flavio, Luisa; los de Amanda, la exesposa de este, y los del mismo Gustavo Flavio, quien no inspira confianza (página 14).
    Por desgracia, no feché ni numeré las transcripciones, error que ya había cometido con las cintas grabadas, lo que perjudicó de cierta manera el hilo cronológico de la narrativa [1].
    El detective de Rubem Fonseca concentra la investigación en Gustavo Flavio, simplemente porque el escritor estuvo vinculado al crimen de su amante Hildegard Keller, la esposa de un diplomático extranjero asesinada en móviles similares a los de las mujeres de las fotos.
    Otro de los errores que afectaron el proceso es la involucración personal de los detectives en la historia. En la medida que las pesquisas avanzan, Mandrake se interesa en por qué Gustavo Flavio dejó la ficción para dedicarse a escribir ensayos sin éxito, después de haber publicado veinte novelas bastante reconocidas por el público.
    La relación entre el escritor y el abogado pasa, entonces, de lo meramente profesional a tener cierto grado de intimidad, amenizada por el hábito común a ambos del tabaco. Esta transformación hace que el investigador no atienda a indicios claros sobre los hechos:
    ·        - La obsesión de Amanda por seguir ligada a la vida de su exmarido (página 43).
    ·        - El interés de esta en asistir a una diligencia judicial que no tenía que ver con ella (página 60).
    ·    - Los dictámenes apresurados de la Policía sobre las muertes de las mujeres involucradas sentimentalmente con Gustavo Flavio: Hildegard Keller, mediático caso cerrado sin esclarecimiento en el pasado; Regina, la mujer retratada en la primera foto robada, y Silvia, la hermosa joven fotografiada sin ropa en la segunda imagen (página 64).
    No solo Mandrake (personaje-narrador de la novela) incurre en esta carencia de profesionalismo. El comisario a cargo de la investigación sobre el homicidio de Regina, Raúl, repite los errores de no cuestionar el dictamen suministrado por las autoridades y los medios de comunicación en el caso de la señora Keller y sospechar deliberadamente de Gustavo Flavio, sin otro antecedente que haber sido amante de las víctimas.
    Las faltas de los detectives causaron el avance particular de la investigación, lo cual fue aprovechado por quién estaba detrás de los hechos para seguir adelante con su plan; es decir, asesinar a Silvia de la misma manera que lo hizo con Regina y lo había hecho con Hildegard Keller y haría con otras de las mujeres importantes en la vida sentimental de Gustavo Flavio.
    Algunos de los errores cometidos por Mandrake en su desempeño como escritor fueron:
    ·        - No atender a datos importantes para la comprensión de la historia; razón por la cual los incluye a manera de anécdotas, aclaraciones y elipsis que condicionan el ritmo y tono del texto (leer, por ejemplo, los tres primeros renglones de la página 58).
    ·   - No tratar con el profesionalismo debido el material recopilado durante las pesquisas, lo cual impidió que la historia fuera redactada en forma cronológica, como hubiera preferido  Mandrake según la cita siguiente: 
    Después de algunas entrevistas con Gustavo Flavio, él, espontáneamente, me habló de su relación con Luisa. Ya dije que las cintas de la grabadora terminaron por mezclarse, y, como no tenían ni número ni fecha, se hizo difícil mantener la linealidad de este relato [2].
    No obstante, el fallo que más repercutió en la estructura del relato fue la incapacidad de Mandrake para ver más allá de los ojos. Tarea y deber fundamentales del autor de ficciones —según Gustavo Flavio en carta dirigida a su exesposa y compartida con el investigador—:
    Sin imaginación no hay literatura. La imaginación es la madre de la ficción, es la madre de la poesía, e inclusive, como afirmaron Mommsem y Burckhardt, la madre de la Historia [3].
    El contraste entre los mundos de la investigación judicial y la escritura está ampliamente desarrollado para insertar la anécdota del relato en un ambiente idóneo para ilustrar su hipótesis literaria, hace de puente:
    ·        - Recolectar información es condición propia a las dos profesiones (página 49), pero con perspectivas diferentes.
    ·       - Los cambios de oficio en varios de los personajes propicia el terreno adecuado para el tratamiento de los temas que la historia enfoca.
    Principalmente están los cambios de vocación profesional que tuvo Gustavo Flavio antes de decidirse por la literatura y de oficio, muchos años más tarde, dentro de las letras, al girar su carrera hacia la escritura académica. Y la transformación de Mandrake, quien decide incursionar en el arte de narrar historias después de tantos años como abogado.
    ·        - Las tareas de los escritores y los detectives confluyen cuando Mandrake (página 42) pone los pedazos de la investigación judicial en una moldura con el espacio suficiente para moverlos como lo haría cualquier escritor con las piezas de una historia.
    ·        - Rubem Fonseca reiterativamente tamiza la acción y las personalidades de Gustavo Flavio y Mandrake por medio del tabaco y las conversaciones entre fumadores siempre espontaneas.
        La última sección de la novela es una charla fraternales entre estos personajes en la cual Gustavo Flavio cita la conversación que tuvo con Amanda —quien también quería ser escritora— sobre los prerrequisitos necesarios para que alguien se convirtiera en narrador de ficciones:
    “Entonces… entonces Amanda me preguntó, ¿y el valor de matar? No entendí que quería decirme, y Amanda agregó, tengo el valor de matar, ¿eso me ayuda?”[4]
    Y de este mundo prostituto y vano solo quise un cigarrillo entre mi mano (editorial Norma, 2007), de Rubem Fonseca, es una novela corta policial sobre la charada que es la Justicia en un espacio donde las personas mienten con facilidad.
    Quién mandó las fotos de Regina y Silvia al domicilio de Gustavo Flavio y las asesinó quedarían, por lo tanto, sin respuesta para el lector si el autor, en vez de realizar este ejercicio creativo con los oficios de los protagonistas, se hubiera ceñido exclusivamente a los hechos judiciales y la versión oficial que ofrece el mundo sobre la realidad.




    [1] Página 13.
    [2] Página 25.
    [3] Página 84.
    [4] Página 116.