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    En el FICCI 57: “Mimosas” (Laxe, 2016).



    Oliver Laxe dirigiendo Mimosas (2016)

    TRANSITAR ENTRE DOS MUNDOS PARALELOS

    Por Adriana Rojas E.

    Mimosas (2016) es el segundo largometraje del director español Óliver Laxe; coproducción de España, Marruecos y Francia, pudo verse en el reciente Festival de Cine de Cartagena, en la competencia oficial, luego de haber ganado el premio Nespresso de la Semana de la Crítica en el 69° Festival de cine de Cannes, así como de haber recibido en el 2016 el premio del Jurado y Mención especial al Mejor Sonido y Montaje en el Festival de Cine de Sevilla, y los reconocimientos a Mejor Film y Mejor Actor en el Festival de Cine de El Cairo.

    Mimosas relata la historia de una caravana –en un tiempo pasado no determinado– liderada por un patriarca, que busca atravesar el Atlas Marroquí; en esa travesía se les presentarán diversos obstáculos a los protagonistas, poniéndose  a prueba la fe y los valores de los personajes.



    La historia se narra en dos tiempos, un tiempo pasado –de historias de caballería–, y un tiempo presente (o también podría verse como futuro) en Marruecos; estas historias paralelas –principalmente– van a entrecruzarse a través del personaje de Shakib, quien es elegido (desde el tiempo presente) para acompañar y cuidar a Ahmed durante la travesía de la caravana a Sijilmasa.

    Oliver Laxe crea en Mimosas dos mundos, así como dos tiempos de narración; su intención, como lo expresa en diversas entrevistas, era trabajar en dos mundos: “el mundo de las formas sensibles y el mundo de las formas espirituales[1]; sin embargo, el propio Laxe también ha expresado que no busca conducir al espectador a una sola interpretación de la película, sino por el contrario, prefiere que la película se libere de esa intención del director, y sea reinterpretada tal y como la sienta cada espectador.


    El inicio de Mimosas puede resultar confuso, sobretodo cuando se quiere entender este largometraje desde una perspectiva realista; es quizás este el primer reto que uno tiene como espectador, el desligarse de la verosimilitud, y dejarse llevar por lo que el autor va a ir revelando; el reto es poder ver la película sin buscar una causalidad, o una coherencia –realista de los dos mundos, la invitación es a sumergirnos en un viaje imaginario.



    En Mimosas, como ya se ha mencionado, coexisten dos relatos –dos mundos que se entrecruzan. Un relato enmarcado dentro del estilo de las películas de temas religiosos y de caballería, relato en el que los personajes tienen un objetivo, y deben sortear diversos obstáculos para lograr alcanzarlo; en el segundo relato  tiempo contemporáneo Laxe no crea una historia concreta, sino que se nos presentan personajes en ciertas situaciones o momentos, secuencias que parecen sueltas, y que van cargando de misterio a la narración.

    El relato de las formas sensibles, es el mundo de lo material, en el que se desarrolla una historia concreta, en el que hay unos puntos de giro, y se observa la transformación de los personajes, quienes terminan aceptando su destino y como lo expresa Laxe, “se abandonan al camino”; por el contrario, en el mundo contemporáneo no existe tal planteamiento formal, o por lo menos, es un relato que está velado. En la presentación del segundo mundo, un grupo de taxistas escucha con atención el relato de Shakib sobre la creación de la Tierra; personaje este Shakib que luego es elegido por el líder de los taxistas para una misión especial: “ocuparse de la caravana y cuidar de Ahmed”. Este segundo mundo, es el que Laxe ha concebido como el mundo de las formas espirituales, el mundo de “ángeles desdentados[2]”.



    El montaje es muy importante en esta película, es un montaje que puede desacomodar, porque corta la tensión con la que se pasa de un mundo a otro – de un relato a otro–. Esto es algo intencional, y a la vez, ese montaje ayuda a que  cada relato se cargue de misterio; el ir de un mundo a otro sin advertir una causalidad, o una linealidad en los relatos, nos exige aceptar lo que se nos presenta, sin tener que buscar un porqué, eso también genera una tensión, porque no sabemos cómo se va a resolver una situación que se ha cortado.

    El paisaje es protagónico en Mimosas; rodada en 16mm, en exteriores, y en condiciones agrestes; el trabajo en dirección de fotografía hace resaltar cada espacio, los colores, el clima y la geografía del lugar; imágenes, muchas veces imponentes, tanto del paisaje rocoso y de montañas, como el paisaje de las carreteras del desierto, que fueron cuidadosamente fotografiados por el director Mauro Herce.



    Mimosas ha sido catalogada como una película de aventuras, aunque creo que esta etiqueta puede sobrar en el filme; considero que es un gran logro del director el no ceñirse a unas convenciones, sino ir más allá; en este caso, Mimosas logra superar los esquemas del formato de aventura, y en parte se debe a la experimentación narrativa, a la forma como va creando cada mundo.

    El viaje al que nos ha invitado Laxe está cargado de significaciones y de transformaciones; es un viaje trascendental, en el que los personajes terminan por enseñarnos cómo a través del amor podemos lograr vencer nuestros miedos y enfrentarnos con valentía a nuestro destino.

    Página recomendada:
    http://www.mimosasfilm.com/








    [1] Entrevista a Oliver Laxe, publicada en: http://www.jotdown.es/2017/01/mimosas4/

    [2]  Entrevista a Oliver Laxe, publicada en el portal web ABC CINE: http://www.abc.es/play/cine/noticias/abci-oliver-laxe-gente-tiene-cine-proporciones-espirituales-201701050112_noticia.html

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