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    Lucía González habla de "La mujer del Animal" (Gaviria, 2016)



    (Lucía González, autora de este texto, es líder cultural de Medellín. Fue directora fundadora e impulsora ejemplar del Museo Casa de la Memoria. Debería ser alcaldesa de la ciudad [comentario de MS]).

    La mujer del Animal, ya lo han dicho otros, es una película brutal y necesaria para un país que ha vivido por siglos la esclavitud de un patriarcado que poco se quiere nombrar, sobre el que hay voces aisladas o débiles, que claman por nuevas masculinidades para una relación de género más justa, más equitativa, noble. Que “el otro” o “la otra” no sea un animal. 


    La inequitativa relación entre hombres y mujeres se expresa de manera brutal atravesando la patria en toda su extensión y complejidad, y no hay más que un puñado de proyectos o reflexiones sobre el patriarcado hegemónico que nos condena, a todos, hombres y mujeres. Las feministas, tan efectivas en sus luchas han levantado la voz desde las mujeres y por las mujeres, pero como mujeres no levantamos la voz por el proyecto patriarcal que nos atraviesa también a las mujeres, y por supuesto, a las instituciones, a la ley, al poder, y a los hombres. 


    Víctor Gaviria pone en el centro, la brutalidad del animal contra todas las mujeres (a excepción de su madre), pero nos pone en la cara también ese patriarcado hecho madre, bruja, combo, control, miedo, ausencia de Estado, no futuro. 


    Ninguno de los personajes de la película ha estado exento de la violencia de las armas, de la inequidad, del no lugar, es por ello y no por gusto que viven en ranchos, en la miseria, intentando poner por obra su dignidad. La solidaridad está condicionada, amilanada, casi imposible de ejercer, es cuestión de sobrevivencia no meterse con nadie, ni siquiera para ayudar. 


    Pero eso es lo que no quiere ver Colombia. No quiere verse en el espejo. No importa qué suceda, pero que no se lo muestren. Ya vamos olvidando a Rafael Uribe [Noguera], ese animal de la vida real, como real y brutal la historia que nos grita Víctor. Son muchísimos los animales que andan sueltos, pero son aún mayores y opresoras las formas del machismo, que pretenden ordenar y regir nuestras vidas. La madre del animal en la película, es un fiel reflejo; es patriarcado puro, tal vez por ausencia de hombre, también por la violencia y el dolor, para poder sobrevivir. La bruja es la proxeneta, entrega a una niña como moneda de cambio, el patriarcado le enseñó que las mujeres tienen precio, es su manera de morir, es decir, de tener plata para curar con droga el desconsuelo. 


    Y el miedo es el alimento del gran proyecto patriarcal de los poderosos, el de los presidentes autócratas, de los mafiosos, de todo los ejércitos, depender del miedo que nos acusa, pero también es el punto de apoyo de quienes no teniendo nada, lo que mejor pueden producir es terror. Como decía William Ospina, es un monstruo por el que hemos desarrollado una costumbre colectiva de estar fascinados y aterrados a la vez. Ellos, los machos, poderosos y déspotas son los exitosos. Las mayorías los elijen. El proyecto patriarcal se refuerza a sí mismo, y en gran medida, las mujeres hemos sido su gran eco. Basta ver una madre paisa. 


    El modelo, ese que destituyó las diosas y las sacerdotisas no propone en esencia el amor sino la dominación. Decía Martha Nussbaum que el amor es importante para la justicia. La justicia es el amor por los otros, es por ello que no hay justicia. 


    Una película honesta, sin artificios de ninguna especie, salida del alma de la tierra, de la nación, de los barrios, de los protagonistas reales de la historia, de los actores, que encarnan la dureza de la vida a que hemos condenado a tantos, por falta de amor, por falta de justica. Al final, un grito por los hijos, ¡por la vida!


    Que Colombia se vea en La mujer del Animal o se haga un psicoanálisis.

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